miércoles, 24 de junio de 2026

Más sobre Aragonti

En marzo me enteré que en los caratularios de Santa María de Piasca, en Piasca, muy cerca del valle de Liébana, había quedado registrado Scemeno [Jimeno] Baró como testigo de transacciones, por lo que quise conocer el lugar. 

En mi reciente visita aprendí que la villa de Piasca había sido donada a dicha iglesia por las hermanas Aragonti y Teoda en el año 930, según quedó recogido en la investigación histórica del catedrático Juan Baró Pazos sobre el patrimonio y fueros de Cantabria.

Inmediatamente lo relacioné con el matrimonio de Aragonti y Alafont, que en el año 831, donó la villa de Baró, en el valle de Liébana, a la iglesia Santa María de Baró, como consta en el estudio diplomático que Sánchez Belda realizó sobre el Cartulario de Santo Toribio de Liébana, publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Era obvio que habiendo una diferencia de cien años entre un hecho y otro, no podía tratarse que la misma Aragonti, pero si podía ser que fuese un registro tardío o copia de dicho evento. De hecho, es una posibilidad bien real que se analiza constantemente (copias tardías, falsificaciones o las escrituras redactadas de memoria décadas después de que ocurrieran los hechos).

Sin embargo, para este caso concreto, los datos paleográficos e históricos demuestran que no se trata de un registro tardío, sino de dos documentos que corresponden exactamente a los momentos en que dicen haber sido escritos.


Gemini confirmó
con total certeza que no puede tratarse de una misma persona, si no que seguramente se trata de un caso clásico de endofamilia o transmisión de antropónimos. En la Alta Edad Media, las familias de la aristocracia local tendían de forma obsesiva a repetir los nombres de sus antepasados (abuelas, tías) para consolidar el linaje y mantener los derechos sobre las propiedades y monasterios familiares (como el de Santa María de Piasca).

Asi, es altamente probable que las hermanas del año 930 fueran bisnietas o descendientes directas de la Aragonti de 831, heredando no solo su nombre, sino también parte del patrimonio noble en la zona de Liébana.

La clave definitiva la encontramos al analizar los detalles internos de las dos escrituras. Teoda y Aragonti eran hermanas. Si el documento del año 930 hubiera sido una redacción tardía, los protagonistas tendrían que ser los mismos (Alafont y Aragonti). Pero en la escritura de 930, Aragonti no aparece con su esposo Alafont. Los estudios detallados del cartulario (como los de Fernández Escalante o Solórzano Telechea) demuestran que Teoda y Aragonti eran dos hermanas, miembros de una familia noble, acaudalada e influyente de la comarca.

Por otro lado, el motivo de la donación de 930 está ligado a un evento único: la consagración de Piasca. El documento del 25 de julio del año 930 no es un mero papel de propiedad redactado al azar; registra un evento histórico muy concreto: la primera consagración oficial de la iglesia del monasterio de Santa María de Piasca. El texto detalla que las hermanas Teoda y Aragonti dotaron al templo de un cuantioso ajuar (bienes, tierras, ganado, libros y ornamentos litúrgicos) precisamente con motivo de esa ceremonia. Entre los firmantes de la carta del 930 aparece un obispo que testifica la consagración, y el análisis demuestra que ese día fue domingo (el día litúrgico obligatorio para consagrar templos en la época). Esto nos dice que el documento de 930 se escribió en vivo y en directo durante ese acontecimiento del siglo X, y no intentando recordar algo del siglo IX.

Finalmente las "Aragonti" tenían perfiles de vida completamente distintos. La Aragonti de 831 era una deo-vota (una mujer que ya había hecho votos religiosos individuales) y estaba casada con un hombre llamado Alafont. La Aragonti de 930 actúa en calidad de gran propietaria noble laica junto a su hermana Teoda, gestionando de manera activa el patrimonio familiar

Los cartularios medievales están llenos de "falsificaciones piadosas" o actualizaciones de títulos de propiedad antiguos. Pero en este caso, la Aragonti de 831 y la Aragonti de 930 están firmemente ancladas a sus respectivas épocas.

Lo que este doble registro demuestra es algo aún más valioso para los genealogistas: la continuidad del linaje. La familia noble de las hermanas Teoda y Aragonti (año 930) llevaba, por lo menos, un siglo vinculada al control del territorio lebaniego y de los cenobios locales, manteniendo con orgullo el nombre de su tatarabuela o antepasada, la deo-vota Aragonti del año 831.