En marzo me enteré
que en los caratularios de Santa María de Piasca, en Piasca, muy
cerca del valle de Liébana, había quedado registrado Scemeno
[Jimeno]
Baró como testigo de transacciones,
por lo que quise conocer el lugar.
En mi
reciente visita aprendí
que la villa de Piasca había sido donada a
dicha iglesia por las hermanas Aragonti
y Teoda en el año 930,
según quedó
recogido
en la investigación histórica del catedrático Juan Baró Pazos
sobre el patrimonio y fueros de Cantabria.
Inmediatamente
lo relacioné con el matrimonio de Aragonti y Alafont,
que en el año 831, donó
la villa de Baró, en el valle de Liébana, a la iglesia Santa María
de Baró, como consta en
el
estudio diplomático que Sánchez Belda realizó sobre el Cartulario
de Santo Toribio de Liébana, publicado por el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas.
Era
obvio que habiendo una diferencia de cien años entre un hecho y
otro, no podía tratarse que la misma Aragonti, pero si podía ser
que fuese un registro tardío o copia de dicho evento. De hecho, es
una posibilidad bien real que se analiza constantemente (copias
tardías, falsificaciones o las escrituras redactadas de memoria
décadas después de que ocurrieran los hechos).
Sin
embargo, para este caso concreto, los datos paleográficos e
históricos demuestran que no se trata de un registro tardío, sino
de dos documentos que corresponden exactamente a los momentos en que
dicen haber sido escritos.
Asi,
es altamente probable que las
hermanas del año 930 fueran
bisnietas o descendientes
directas de la Aragonti de 831, heredando
no solo su nombre, sino también parte del patrimonio noble en la
zona de Liébana.
La
clave definitiva la encontramos al analizar los detalles internos de
las dos escrituras. Teoda
y Aragonti eran hermanas. Si el documento del año 930 hubiera sido
una redacción tardía, los protagonistas tendrían que ser los
mismos (Alafont y Aragonti). Pero en la escritura de 930, Aragonti no
aparece con su esposo Alafont. Los estudios detallados del cartulario
(como los de Fernández Escalante o Solórzano Telechea) demuestran
que Teoda y Aragonti eran dos hermanas, miembros de una familia
noble, acaudalada e influyente de la comarca.
Por
otro lado, el
motivo de la donación de 930 está ligado a un evento único: la
consagración de Piasca. El documento del 25 de julio del año 930 no
es un mero papel de propiedad redactado al azar; registra un evento
histórico muy concreto: la primera consagración oficial de la
iglesia del monasterio de Santa María de Piasca. El texto detalla
que las hermanas Teoda y Aragonti dotaron al templo de un cuantioso
ajuar (bienes, tierras, ganado, libros y ornamentos litúrgicos)
precisamente con motivo de esa ceremonia. Entre los firmantes de la
carta del 930 aparece un obispo que testifica la consagración, y el
análisis demuestra que ese día fue domingo (el día litúrgico
obligatorio para consagrar templos en la época). Esto nos dice que
el documento de 930 se escribió en vivo y en directo durante ese
acontecimiento del siglo X, y no intentando recordar algo del siglo
IX.
Finalmente
las
"Aragonti" tenían perfiles de vida completamente
distintos. La Aragonti de 831 era una deo-vota (una mujer que ya
había hecho votos religiosos individuales) y estaba casada con un
hombre llamado Alafont. La
Aragonti
de
930 actúa en calidad de gran propietaria noble laica junto a su
hermana Teoda, gestionando de manera activa el patrimonio familiar
Los
cartularios medievales están llenos de "falsificaciones
piadosas" o actualizaciones de títulos de propiedad antiguos.
Pero en este caso, la Aragonti de 831 y la Aragonti de 930 están
firmemente ancladas a sus respectivas épocas.
Lo
que este doble registro demuestra es algo aún más valioso para los
genealogistas: la continuidad del linaje.
La familia noble de las hermanas Teoda y Aragonti (año 930) llevaba,
por lo menos, un siglo vinculada al control del territorio lebaniego
y de los cenobios locales, manteniendo con orgullo el nombre de su
tatarabuela o antepasada, la deo-vota Aragonti del año 831.
