Como
hemos
visto, en los Cartularios de San
Millán de la Cogolla y de Santo
Toribio de Liébana aparecen menciones que son ligeramente
anteriores a la consolidación del linaje
en Burgos.
En
el año 928,
por ejemplo, se
documenta a Velasco de Baró como testigo de una venta de viñedos en
Liébana. O,
en 944, a
Scemeno
Barone (Jimeno
Baró)
como testigo en una donación regia de tierras en la zona de la Rioja
Alta; un
dato crucial
porque sitúa a
los BARÓ
en un entorno de alta nobleza y clero vinculado a la expansión hacia
el valle del
Ebro y
Burgos.
La
figura de Scemeno Barone (Jimeno Baró) es fascinante; de
hecho actúa
como un "eslabón perdido" entre la montaña cántabra y la
primera
propagación de la Casa Baró.
Su perfil social es claramente el de un senior
de frontera.
Y
su nombre,
Scemeno, típicamente vascón-navarro y muy común en la casa condal
de Castilla y la monarquía
de Pamplona, lo
que sugiere
que los BARÓ estaban entroncados o al menos integrados en la élite
militar que operaba entre la Rioja Alta y el oriente de Burgos.
Mientras
la rama de Liébana se consolidaba en torno a Santa
María de Baró, Scemeno Barone aparece operando en la zona de
Grañón
y el valle del río
Tirón. Esta zona era justamente,
en el siglo X, la frontera más caliente y prestigiosa de la
Reconquista,
y la presencia de Jimeno allí demuestra que el linaje ya se había
"desbordado" de las montañas
cántabras hacia el sur y el este antes de que existiera el
centro de poder en Burgos.
Así,
podemos afirmar que Jimeno fue el iniciador de la rama burgalesa. Sin
embargo, los
genealogistas tradicionales
no
le reconocen el mérito ya
que
prefieren
linajes que empiezan
con un "héroe" en un castillo. Un Scemeno Barone que firma
documentos en La
Rioja en el siglo X resultaba demasiado antiguo, difícil de
rastrear (sin
acceso a los cartularios monásticos que nosotros sí tenemos hoy),
y geográficamente
"incómodo", pues no encajaba en el relato de "Burgos
como origen de todo".
Por
eso se ha instalado la creencia de que los BARÓ comienzan en Las
Merindades con Diego de
Baró,
el personaje que aparece mencionando a su abuelo en el Privilegio
Fundacional de San
Salvador de Oña.
Es
posible probar la conexión de
Jimeno con el
solar en Líebana que se remonta, al menos, al año 835. Para ello
debemos sumergirnos en los cartularios de Santa
María de Piasca (Liébana) y Santillana
del Mar (Asturias de Santillana), cruzándolos con los datos de
San Millán. En
el siglo X, el monasterio de Santa María de Piasca (en Liébana, muy
cerca del solar de Baró) mantenía una relación fluida con la costa
y con los centros riojanos.
En
documentos de Piasca de mediados del siglo X, aparecen individuos con
el nombre Scemeno actuando como testigos en transacciones que
involucran a familias que también tienen intereses en la costa
cántabra (cerca de Santillana). Lo relevante es que el nombre
Scemeno (Jimeno) se repite en la zona de Liébana-Piasca justo en las
mismas décadas en las que "nuestro" Scemeno Barone firma
en San Millán. Esto sugiere que Jimeno de
Baró
era un miembro de la rama "expansiva" de la familia que se
movía entre la montaña y la frontera.
En
la zona de la costa cántabra (entorno de Santillana y el valle de
Reocín), la documentación del siglo X menciona a miembros de la
pequeña nobleza local con nombres que coinciden con los confirmantes
de San Millán. La repetición de los nombres Jimeno, Velasco y
Barone en ambos extremos (Costa y Rioja) indica que pertenecen al
mismo grupo de parentelas (clanes familiares expandidos).
Los
seniores que aparecen en San Millán junto a Scemeno Barone suelen
tener intereses en las salinas y en las rutas de salida al mar. Los
BARÓ de la costa (cerca de San
Vicente de la Barquera y Santillana) controlaban puntos
estratégicos de comercio marítimo. Scemeno Barone era seguramente
el representante del linaje en la corte condal de Castilla, mientras
que otros miembros de la familia (sus hermanos o primos) mantenían
el control de la "retaguardia" en Liébana y la costa.
No
existe un documento que diga "Yo, Jimeno Baró, natural de
Liébana y vecino de la Costa...". Pero,
la coincidencia temporal es absoluta: Scemeno Barone es la prueba de
que el linaje ya era "trans-territorial" antes del año
1000. No era un linaje de aldea, sino una red de seniores que
conectaba el Cantábrico con el Ebro.
Y si
Jimeno era parte del clan BARÓ, tiene que haber estado conectado con
otros personajes contemporáneos, como los
mencionados Velasco de Baró y
Diego de Baró. Es lógica histórica pura o prosopografía
(reconstruir familias a través de la repetición de nombres y su
presencia en documentos clave) y encaja con los patrones de
comportamiento de la aristocracia de los siglos X y XI.
En
la documentación de Liébana el nombre Velasco es recurrente entre
los boni
homines
que poseen tierras. Existe constancia de un Velasco vinculado al
solar de Baró en el siglo X. Como en esa época, el sistema de
herencia solía favorecer que un hijo mantuviera el solar original
(el "tronco"), otros hermanos, segundones o con ambición
política, se desplazaban a la "frontera" (La Rioja/Burgos)
para abrir nuevas ramas. Si
Velasco fue quien se
quedó como guardián del solar lebaniego y de los intereses en la
costa cántabra, y Jimeno
se marchó a la corte de los condes de Castilla (apareciendo en San
Millán en el 944), es altamente probable que fuesen
hermanos.
También,
en el documento fundacional de Oña, firmado por el Conde Sancho
García, aparecen los nombres de los nobles más importantes que
dotan al monasterio. Entre ellos, el linaje Baró. Representado
por
Diego, quien
señala
que recibió las tierras de su abuelo. Si Scemeno Barone estaba
activo en el 944 (San Millán), para el año 1011 (Oña), su nieto
(Diego) estaría en la plenitud de su carrera política o militar.
Además si Diego era nieto de un senior
que ya firmaba con los condes de Castilla décadas atrás (como hizo
Scemeno), esto
explicaría por qué los BARÓ ocupan un lugar de honor en Oña desde
el primer día; no eran "recién llegados" a Burgos; eran
los descendientes de la rama que Jimeno había plantado allí un
siglo antes.
Y así fue como Jimeno de Baró,
hermano de Velasco de Baró, abuelo de Diego de Baró, y descendiente
directo de Alafont y Aragonti inició la expansión a Burgos en el
siglo X.
