lunes, 2 de noviembre de 2026

La odisea de Pedro Gil de Baró en la expedición de Pedro de Mendoza (1535)

 

Pedro Gil de Baró embarcando hacia el Río de la Plata

El paso de los primeros pobladores españoles a las Indias durante el siglo XVI no sólo estuvo protagonizado por grandes adelantados, capitanes y gobernadores. La espina dorsal de la conquista y poblamiento del Nuevo Mundo la constituyeron familias, hidalgos y soldados que cruzaron el Atlántico en busca de fortuna o asiento. Entre ellos destaca la figura de Pedro Gil de Baró, cuya travesía en 1535 lo convirtió en el primer individuo documentado con este linaje en embarcar hacia el Río de la Plata.

Un linaje montañés asentado en tierras cordobesas, las raíces de Pedro Gil de Baró se hunden en el norte peninsular. La cuna toponímica del apellido se localiza en «La Montaña», ámbito geográfico histórico correspondiente a la comarca de Liébana (en el concejo de Baró, actual municipio de Camaleño, Cantabria) y las áreas limítrofes del norte de Burgos.

Como ocurrió con muchas familias solariegas durante los siglos XIV y XV, ramas de este linaje emigraron hacia el sur durante la Reconquista y la reorganización territorial castellana. Para las primeras décadas del siglo XVI, la familia figuraba ya afincada y enraizada en la villa de Aguilar (actual Aguilar de la Frontera, Córdoba).

Para entender la expansión al sur, puede consultarse entradas anteriores del blog, como Los Baró de Córdoba y Más sobre Ruy de Baró. Pero gracias a la documentación procesal conservada —en particular la Ejecutoria de Hidalguía de Juan de Baró (1569), litigada ante la Real Chancillería de Granada para ratificar la exención fiscal del linaje frente al concejo de Aguilar— es posible reconstruir la cadena genealógica directa de esta rama:
 * Bisabuelo: Gil de Baró (originario de la comarca de Liébana).
 * Abuelos paternos: Pedro Gil de Baró «el Viejo» y Juana González.
 * Padres: Hernán Gil de Baró y Elvira Pérez, vecinos de la villa de Aguilar.
 * El expedicionario: Pedro Gil de Baró, quien partió soltero a las Indias en 1535.


La armada de Pedro de Mendoza y el embarque de 1535

En mayo de 1534, el rey Carlos I firmó la capitulación que nombraba al hidalgo granadino Pedro de Mendoza como primer Adelantado, Gobernador y Capitán General de las tierras del Río de la Plata. La corona buscaba frenar el avance portugués en el Atlántico Sur y hallar un paso navegable hacia las riquezas mineras del Alto Perú y el Potosí.

El 28 de julio de 1535, Pedro Gil de Baró quedó inscrito formalmente en los libros de la Casa de la Contratación de Sevilla como soldado y poblador. En el registro no se hizo constar su edad exacta —una práctica común en la época—, pero sí su filiación y vecindad en Aguilar.

La flota zarpó del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 24 de agosto de 1535. Constituyó una de las armadas más populosas y costosas de la primera mitad del siglo XVI: entre 11 y 14 navíos y más de 1.200 hombres (junto a un reducido grupo de mujeres y caballos), ansiosos por fundar los primeros asentamientos del Plata.


El infierno de Santa María del Buen Ayre

A comienzos de 1536, la expedición alcanzó el estuario del Río de la Plata. En el mes de febrero, Pedro de Mendoza fundó el Puerto de Santa María del Buen Ayre (primer asiento de la actual Buenos Aires en las cercanías de Parque Lezama). Sin embargo, lo que prometía ser una empresa próspera pronto se transformó en una tragedia humanitaria.

Las relaciones iniciales con las etnias locales (principalmente querandíes) se deterioraron rápidamente. Los indígenas cortaron el suministro de víveres y cercaron el recinto fortificado. Cercados y sin suministros de la Península, los pobladores sufrieron una desnutrición brutal durante el invierno de 1536. La crónica de Ulrico Schmidl, soldado alemán enrolado en la misma expedición, describe con crudeza escenas de canibalismo y el fallecimiento vertiginoso de cientos de hombres en cuestión de semanas. La mortandad diezmó a más de dos tercios de la tropa. Tras la muerte del propio adelantado Mendoza en alta mar durante su viaje de retorno a España (1537), los supervivientes se dividieron entre las expediciones que remontaron el río Paraná al mando de Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala —quienes fundaron Asunción del Paraguay en 1537— y aquellos que terminaron abandonando y quemando el fuerte porteño en 1541.

El nombre de Pedro Gil de Baró no vuelve a figurar en las actas capitulares de Asunción ni en mercedes de encomienda posteriores. Dada la devastadora tasa de bajas que sufrió el contingente de 1535, la hipótesis historiográfica principal es que falleció durante los primeros meses del asedio y la hambruna en el estuario del Plata.

Más sobre Ruy de Baró

 

Ruy de Baró

En una entrada anterior, mencionábamos a Ruy de Baró, iniciador del linaje en Córdoba. Para comprender mejor su relevancia, profundizamos en esta su información.

El proceso de la Reconquista, término historiográfico con el que se conoce al prolongado periodo medieval de casi ocho siglos en el que los reinos cristianos peninsulares avanzaron militarmente para recuperar los territorios bajo dominio musulmán, transformó la geografía política de la península ibérica. 

Esta profunda expansión conllevó un proceso paralelo de repoblación, es decir, el conjunto de medidas jurídicas, administrativas y migratorias destinadas a asentar habitantes cristianos, reorganizar el territorio y garantizar el control socioeconómico y militar de las tierras recién conquistadas. 

En este escenario se trazó el mapa de los grandes linajes hidalgos que habrían de vertebrar la sociedad andaluza durante la Edad Media y Moderna, entre los que destaca la figura de Ruy de Baró, un militar e hidalgo cuya trayectoria en las campañas fernandinas, denominación que agrupa al conjunto de ofensivas militares lideradas por el rey Fernando III el Santo para conquistar el valle del Guadalquivir, marcó el inicio de la Casa de Baró, posteriormente derivada en Varo, en tierras cordobesas.

Rastrear a Ruy de Baró y a su hijo Fernando de Baró para determinar si fueron los primeros en abandonar tierras burgalesas exige situarse en el corazón de la expansión castellana del siglo XIII. Sus nombres aparecen estrechamente vinculados a la formación de las milicias armadas en la comarca de Burgos y Cantabria, así como a su posterior consolidación como pobladores en el valle del Guadalquivir. La estirpe hunde sus raíces más remotas en el solar toponímico de Baró en Camaleño, comarca de Liébana, aunque registros históricos conservados en el Monasterio de San Salvador de Oña vinculan también sus intereses con la Merindad de Losa en Burgos. El antecedente documentado más antiguo de esta antroponimia convertida en nombre de linaje se remonta al año 1011, fecha en la que un Diego Baró aparece como confirmante o testigo en el privilegio fundacional del Monasterio de Oña otorgado por el conde Sancho García. 

A pesar del habitual vacío documental de los siglos XI y XII, la tradición nobiliaria de la casa sitúa como padre de Ruy a Gómez de Baró, caballero documentado hacia 1180 en Liébana al frente de la torre defensiva familiar y descendiente de la línea de aquel primer Diego, manteniéndose la familia como señores de behetría en la zona burgalesa y cantábrica.

Ruy de Baró representa la figura de transición clave y el patriarca del solar montañés a principios del siglo XIII. Poseedor de una hidalguía de sangre pura circunscrita al ámbito rural del norte, su estatus se respaldaba en la posesión de las tierras y privilegios vinculados a los documentos antiguos de Oña. Ruy es mencionado en crónicas menores como uno de los caballeros que acudió al llamamiento de Alfonso VIII para combatir en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 integrado en las milicias concejiles de la zona de las Montañas. Estas milicias concejiles eran contingentes armados compuestos por vecinos de las villas y concejos de realengo convocados por la Corona para expediciones militares. 

La participación de Ruy en las Navas de Tolosa no sólo sirvió de antecedente militar para la capitulación de Córdoba en 1236, sino que otorgó al linaje el prestigio y la legitimidad necesarios para la posterior proyección de su descendencia en el sur.

Tras la toma de Córdoba, el Repartimiento funcionó como un sistema estricto de recompensa e ingeniería social donde las concesiones se realizaban mediante una data o merced, la asignación o donación legal otorgada por el rey sobre viviendas, tierras o solares que pasaban a manos de los pobladores a cambio de su servicio militar. Dado que entre las Navas de Tolosa y la toma de Córdoba transcurrieron veinticuatro años, Ruy de Baró ya habría fallecido o alcanzado una avanzada edad, por lo que fue su hijo Fernando (Ferrand) de Baró quien actuó como verdadero agente de expansión y primer Baró cordobés de pleno derecho. 

Mientras sus primos mantuvieron la propiedad de la Torre de Baró en el norte, Fernando consolidó el apellido en la frontera andaluza al ser reconocido como caballero de cuantía, categoría social que designaba al noble u hidalgo obligado a mantener caballo de guerra y armas propias a cambio de exenciones y privilegios.

Casado con una dama de apellido Sánchez de Velasco, lo que reforzaba sus vínculos familiares burgaleses, Fernando de Baró recibió en el repartimiento de 1236 las Casas Mayores situadas en la collación de San Nicolás de la Villa, asentamiento primigenio del apellido en la ciudad, así como fincas de olivar y cereal en la campiña cordobesa, en los actuales términos de Aguilar y Montilla. Este espacio urbano de San Nicolás preexistía en el trazado intramuros de la antigua Medina islámica, conocida tras la conquista como la Villa, adaptándose la mezquita andalusí de barrio como parroquia cristiana bajo la advocación de San Nicolás de Bari. De esta manera, Fernando convirtió la hidalguía montañesa de su padre en nobleza de servicio, transformando a la familia de pequeña nobleza rural en grandes terratenientes andaluces.

La cotidianidad de Fernando de Baró en Córdoba combinaba la supervisión de sus fincas agrícolas en la campiña con la constante preparación militar requerida en una zona de frontera expuesta a las incursiones del Reino Nazarí de Granada, además de su participación en la vida de su collación. Hoy dicha collación se corresponde con pleno Distrito Centro de Córdoba, abarcando el entorno comercial de la avenida del Gran Capitán y las calles Conde de Gondomar y San Felipe, a las puertas de la histórica Judería. 

El linaje continuó a través de sus dos hijos: Gómez Fernández de Baró, quien heredó las Casas Mayores en San Nicolás de la Villa y perpetuó la rama cordobesa, y Ruy Fernández de Baró, que formó parte activa en la posterior toma de Sevilla en 1248. Las mercedes de tierras obtenidas por Fernando en la campiña constituyeron la herencia que consolidó a las ramas familiares asentadas en siglos posteriores en municipios como Aguilar de la Frontera, Santaella y Lucena.

La proyección histórica de este asentamiento se hizo patente cuando en 1569 Juan de Baró, vecino de Aguilar de la Frontera, pleiteó su probanza de nobleza ante la Real Chancillería de Granada. Los testigos del expediente declararon que el demandante pertenecía a «los Baró antiguos de la ciudad», haciendo referencia directa a la descendencia de Fernando de Baró de 1236 y permitiendo certificar su condición de hidalguía inmemorial «de los de Montaña». Así, el vínculo entre el solar primitivo de Liébana y Burgos y las ejecutorias de nobleza de la Edad Moderna en Andalucía quedó articulado a través de la gesta militar y repobladora de Ruy y Fernando de Baró.

martes, 21 de julio de 2026

El blasón de los Sahilices

Según parece, la provincia de León cuenta con estudios específicos y repertorios documentalmente rigurosos donde se catalogan las piedras armeras y las casas solariegas. Sin embargo, para encontrar a la familia Sahilices, hay que acudir a repertorios comarcales o especializados en la montaña oriental leonesa y la Ribera del Esla, ya que las obras generales suelen agrupar este linaje bajo la entrada castellana o simplificada.

Los repertorios y catálogos clave donde figura o se cita el patrimonio de esta familia en León son:

1) Repertorio Heráldico Leonés, de Pío Cimadevilla Sánchez: Es la obra de referencia moderna más completa sobre la heráldica monumental de la provincia. Se organiza por municipios e inventaría las piedras armeras esculpidas en las fachadas. En el municipio de Cistierna y sus pedanías, cataloga escudos en casonas hidalgas donde se registran las armas de los Santelices/Saelices en combinación con los Guzmán y Alba. Y, en Cubillas de Rueda / Villapadierna, escudos terciados y partidos pertenecientes a ramas de hidalgos locales donde la tradición oral y los archivos parroquiales atribuyen el solar original a familias procedentes del valle de Sabero y Saelices.

2) Catálogo de Armas y Blasones de la Montaña Oriental Leonesa: Engloba monografías e investigaciones del Instituto de Estudios Leoneses (o fuentes del Archivo Histórico Provincial) dedicadas a la cuenca alta del Esla, y registra varios inmuebles específicos; principalmente la Casa Solar de Cistierna con piedra armera del siglo XVII-XVIII asociada a la rama Saelices-Guzmán, pero también varias casonas en Santibáñez y Villapadierna con blasones cuartelados que incluyen los atributos del apellido.

3) Catálogo de la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid: Describe la casa y pide al fiscal del rey que envíe un notario a verificar la piedra armera. En los pleitos de los Sahelices de León, consta la diligencia de inspección de su casa, solar y escudo de armas en la Ribera del Esla / Sabero.



Sabemos, por los genealogistas tradicionales, principalmente los hermanos García Carraffa, cómo es el blasón: "En campo de gules (rojo), una torre de piedra al natural, superada de una flor de lis de oro. Bordura de azur con ocho estrellas de plata." El Gules (rojo), simboliza la fortaleza y la victoria; la Torre alude al Castillo de Aguilar y al carácter defensivo del linaje en la frontera del Esla; la Flor de Lis es el "sello" del origen monástico de San Felices y la influencia de los fundadores francos; y las estrellas representan la guía y la constancia, muy comunes en los linajes que proceden de la zona de transición entre León y las Merindades de Burgos.

Pero Francisco Piferrer señala un "Escudo partido: 1º, en campo de oro, un árbol (encina) de sinople (verde) y a su pie un lobo pasante de sable (negro); 2º, en campo de azur, tres flores de lis de oro bien ordenadas. Bordura general de gules con ocho aspas (Sotueres) de oro" El primer cuartel es una forma muy leonesa/asturiana (el árbol y el lobo), típica de los linajes que tenían derechos de pastos y montes; el segundo cuartel refuerza la conexión francesa de los monjes de San Félix; y las aspas de oro son las "Armas de la Victoria de Baeza", que el Rey permitía añadir a los hidalgos que habían combatido con él o con sus señores (como los Guzmán u Osorio).

Finalmente, los expedientes de la Real Chancillería, los Sahelices de Villapadierna y Cubillas de Rueda a menudo presentaban una variante más sencilla, pero cargada de significado territorial: "Un escudo con una banda de plata en campo de azur, acompañada de dos flores de lis de oro, una en lo alto y otra en lo bajo". Esta variante es muy similar a la de algunos linajes caballerescos que servían a los Guzmán, simplificando el escudo para que fuera fácilmente identificable en el campo de batalla o en la piedra armera de la casona.

Como vemos, no es tan sencillo identificar el escudo de armas de los Sahilices. ¿Alguna información al respecto?

jueves, 16 de julio de 2026

El blasón de los BARÓ

Un blasón o escudo de armas es una representación gráfica única de la historia de una familia, un noble o una ciudad. En la Edad Media, estos diseños ayudaban a reconocer a los caballeros en la batalla, puesto que llevaban armaduras completas cubriendo rostros y cuerpos. Pintaron entonces símbolos en sus escudos para ser identificados. El diseño comenzó a ser hereditario, pasando de padres a hijos, y terminó convirtiéndose en el "apellido visual" de una familia.

Así, los colores y figuras de un blasón cuentan los mayores logros o valores (reales o aspiracionales) de un patronímico.


La heráldica oficial del apellido BARÓ se divide principalmente en tres grandes representaciones según la rama y la geografía que los autores quisieron destacar:

El Blasón del Solar de las Merindades (Burgos), que describen con mayor fervor los hermanos García Carraffa y que recoge Piferrer en su *Nobiliario*. La descripción heráldica señala, en un campo de oro, una banda de gules (rojo) cargada con tres estrellas de oro. La banda está acompañada, en lo alto y en lo bajo, por un león rampante de gules (a veces representado de su color natural). En este blasón la banda representa el tahalí del caballero y su actividad en batalla; las estrellas simbolizan la guía, la constancia y la grandeza; y los leones representan la soberanía, la fuerza y la valentía del linaje frente al enemigo en el frente castellano.


Empero no existe en la provincia de Burgos ningún registro documental, inventario monumental ni repertorio de patrimonio histórico que catalogue una casa solariega, palacio o torre blasonada física con las armas atribuidas a los BARÓ; toda su heráldica es de carácter "papelero". Las armas del linaje son de cancillería, no de cantería. El escudo existe únicamente en los registros escritos de los reyes de armas y en las probanzas de hidalguía presentadas en la Real Chancillería de Valladolid. No nació de la posesión de un feudo o un palacio físico en Las Merindades, sino que fue un diseño concedido y registrado en papel para certificar una nobleza de servicio ya consolidada en la administración o el ejército.

El Blasón de la Rama Catalana (Barcelona y Girona), que mencionan Atienza y Vilar y Pascual, y corresponde a la rama que migró o se consolidó en Cataluña y Baleares simplificó drásticamente su simbología, adaptándose al gusto de la nobleza urbana y comercial catalana, que prefería diseños más limpios (y a menudo relacionados con el nombre en un sentido toponímico o simbólico de estabilidad). La descripción heráldica indica, en campo de plata, un palo de sinople (verde). Este palo o línea vertical central representa la lanza del caballero, y también la rectitud, la justicia y la defensa de la tierra, mientras que el contraste de plata (blanco) y sinople (verde) alude a la integridad (plata) y a la esperanza o la abundancia (verde).



Y existe un tercer blasón, con 3 flores de lis y dos leones (a veces dos lobos), que podria ser una rama ultrapirenaica (Cataluña francesa) o bien un excelente ejemplo de las "trampas" de la heráldica comercial. En la comarca del Rosellón (la "Cataluña del Norte", hoy territorio francés tras el Tratado de los Pirineos de 1659), hubo ramas de los Baró catalanes que se asentaron e hicieron carrera política y militar bajo soberanía francesa en los siglos XVII y XVIII. Para integrarse en la nobleza gala, muchas de estas familias modificaron sus antiguos blasones (el palo de sinople que vimos antes) para incorporar la flor de lis, que denotaba su sumisión e hidalguía reconocida por el Rey de Francia. También podría ser que el diseño pertenezca originalmente a una rama de los Baron franceses (o francófonos de Flandes/Valonia), donde las tres flores de lis (símbolo de lealtad a la corona de Francia) flanqueadas por leones soporte son una combinación clásica. Al volcarse a bases de datos digitales en español, el algoritmo "limpió" la consonante final y lo asignó erróneamente al "Baró" hispano. Así, se trataría de un "falso amigo" heráldico o una hibridación tardía francesa. No tiene ninguna relación con el tronco medieval cantábrico (Liébana) ni con el militar burgalés (Merindades), sino que es fruto de la globalización digital de los apellidos o de la afrancesación de alguna rama del Rosellón en la Edad Moderna.



Pero sabemos sobradamente que no debe confundirse el apellido BARÓ de origen cántabro/burgalés con el homónimo de origen Catalán. Por lo que, a efectos del linaje que nos compete, las dos últimas variantes deben descartarse. 

Así el bonito blasón que siempre creímos válido no lo era y debemos adoptar como bueno y oficial únicamente el de la rama a de Burgos.

miércoles, 24 de junio de 2026

Más sobre Aragonti

En marzo me enteré que en los caratularios de Santa María de Piasca, en Piasca, muy cerca del valle de Liébana, había quedado registrado Scemeno [Jimeno] Baró como testigo de transacciones, por lo que quise conocer el lugar. 

En mi reciente visita aprendí que la villa de Piasca había sido donada a dicha iglesia por las hermanas Aragonti y Teoda en el año 930, según quedó recogido en la investigación histórica del catedrático Juan Baró Pazos sobre el patrimonio y fueros de Cantabria.

Inmediatamente lo relacioné con el matrimonio de Aragonti y Alafont, que en el año 831, donó la villa de Baró, en el valle de Liébana, a la iglesia Santa María de Baró, como consta en el estudio diplomático que Sánchez Belda realizó sobre el Cartulario de Santo Toribio de Liébana, publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Era obvio que habiendo una diferencia de cien años entre un hecho y otro, no podía tratarse que la misma Aragonti, pero si podía ser que fuese un registro tardío o copia de dicho evento. De hecho, es una posibilidad bien real que se analiza constantemente (copias tardías, falsificaciones o las escrituras redactadas de memoria décadas después de que ocurrieran los hechos).

Sin embargo, para este caso concreto, los datos paleográficos e históricos demuestran que no se trata de un registro tardío, sino de dos documentos que corresponden exactamente a los momentos en que dicen haber sido escritos.


Gemini confirmó
con total certeza que no puede tratarse de una misma persona, si no que seguramente se trata de un caso clásico de endofamilia o transmisión de antropónimos. En la Alta Edad Media, las familias de la aristocracia local tendían de forma obsesiva a repetir los nombres de sus antepasados (abuelas, tías) para consolidar el linaje y mantener los derechos sobre las propiedades y monasterios familiares (como el de Santa María de Piasca).

Asi, es altamente probable que las hermanas del año 930 fueran bisnietas o descendientes directas de la Aragonti de 831, heredando no solo su nombre, sino también parte del patrimonio noble en la zona de Liébana.

La clave definitiva la encontramos al analizar los detalles internos de las dos escrituras. Teoda y Aragonti eran hermanas. Si el documento del año 930 hubiera sido una redacción tardía, los protagonistas tendrían que ser los mismos (Alafont y Aragonti). Pero en la escritura de 930, Aragonti no aparece con su esposo Alafont. Los estudios detallados del cartulario (como los de Fernández Escalante o Solórzano Telechea) demuestran que Teoda y Aragonti eran dos hermanas, miembros de una familia noble, acaudalada e influyente de la comarca.

Por otro lado, el motivo de la donación de 930 está ligado a un evento único: la consagración de Piasca. El documento del 25 de julio del año 930 no es un mero papel de propiedad redactado al azar; registra un evento histórico muy concreto: la primera consagración oficial de la iglesia del monasterio de Santa María de Piasca. El texto detalla que las hermanas Teoda y Aragonti dotaron al templo de un cuantioso ajuar (bienes, tierras, ganado, libros y ornamentos litúrgicos) precisamente con motivo de esa ceremonia. Entre los firmantes de la carta del 930 aparece un obispo que testifica la consagración, y el análisis demuestra que ese día fue domingo (el día litúrgico obligatorio para consagrar templos en la época). Esto nos dice que el documento de 930 se escribió en vivo y en directo durante ese acontecimiento del siglo X, y no intentando recordar algo del siglo IX.

Finalmente las "Aragonti" tenían perfiles de vida completamente distintos. La Aragonti de 831 era una deo-vota (una mujer que ya había hecho votos religiosos individuales) y estaba casada con un hombre llamado Alafont. La Aragonti de 930 actúa en calidad de gran propietaria noble laica junto a su hermana Teoda, gestionando de manera activa el patrimonio familiar

Los cartularios medievales están llenos de "falsificaciones piadosas" o actualizaciones de títulos de propiedad antiguos. Pero en este caso, la Aragonti de 831 y la Aragonti de 930 están firmemente ancladas a sus respectivas épocas.

Lo que este doble registro demuestra es algo aún más valioso para los genealogistas: la continuidad del linaje. La familia noble de las hermanas Teoda y Aragonti (año 930) llevaba, por lo menos, un siglo vinculada al control del territorio lebaniego y de los cenobios locales, manteniendo con orgullo el nombre de su tatarabuela o antepasada, la deo-vota Aragonti del año 831.

martes, 17 de marzo de 2026

Jimeno de BARÓ

Como hemos visto, en los Cartularios de San Millán de la Cogolla y de Santo Toribio de Liébana aparecen menciones que son ligeramente anteriores a la consolidación del linaje en Burgos.

En el año 928, por ejemplo, se documenta a Velasco de Baró como testigo de una venta de viñedos en Liébana. O, en 944, a Scemeno Barone (Jimeno Baró) como testigo en una donación regia de tierras en la zona de la Rioja Alta; un dato crucial porque sitúa a los BARÓ en un entorno de alta nobleza y clero vinculado a la expansión hacia el valle del Ebro y Burgos.


La figura de Scemeno Barone (Jimeno Baró) es fascinante; de hecho actúa como un "eslabón perdido" entre la montaña cántabra y la primera propagación de la Casa Baró. Su perfil social es claramente el de un senior de frontera. Y su nombre, Scemeno, típicamente vascón-navarro y muy común en la casa condal de Castilla y la monarquía de Pamplona, lo que sugiere que los BARÓ estaban entroncados o al menos integrados en la élite militar que operaba entre la Rioja Alta y el oriente de Burgos.

Mientras la rama de Liébana se consolidaba en torno a Santa María de Baró, Scemeno Barone aparece operando en la zona de Grañón y el valle del río Tirón. Esta zona era justamente, en el siglo X, la frontera más caliente y prestigiosa de la Reconquista, y la presencia de Jimeno allí demuestra que el linaje ya se había "desbordado" de las montañas cántabras hacia el sur y el este antes de que existiera el centro de poder en Burgos.

Así, podemos afirmar que Jimeno fue el iniciador de la rama burgalesa. Sin embargo, los genealogistas tradicionales no le reconocen el mérito ya que prefieren linajes que empiezan con un "héroe" en un castillo. Un Scemeno Barone que firma documentos en La Rioja en el siglo X resultaba demasiado antiguo, difícil de rastrear (sin acceso a los cartularios monásticos que nosotros sí tenemos hoy), y geográficamente "incómodo", pues no encajaba en el relato de "Burgos como origen de todo". Por eso se ha instalado la creencia de que los BARÓ comienzan en Las Merindades con Diego de Baró, el personaje que aparece mencionando a su abuelo en el Privilegio Fundacional de San Salvador de Oña.

Es posible probar la conexión de Jimeno con el solar en Líebana que se remonta, al menos, al año 835. Para ello debemos sumergirnos en los cartularios de Santa María de Piasca (Liébana) y Santillana del Mar (Asturias de Santillana), cruzándolos con los datos de San Millán. En el siglo X, el monasterio de Santa María de Piasca (en Liébana, muy cerca del solar de Baró) mantenía una relación fluida con la costa y con los centros riojanos.

En documentos de Piasca de mediados del siglo X, aparecen individuos con el nombre Scemeno actuando como testigos en transacciones que involucran a familias que también tienen intereses en la costa cántabra (cerca de Santillana). Lo relevante es que el nombre Scemeno (Jimeno) se repite en la zona de Liébana-Piasca justo en las mismas décadas en las que "nuestro" Scemeno Barone firma en San Millán. Esto sugiere que Jimeno de Baró era un miembro de la rama "expansiva" de la familia que se movía entre la montaña y la frontera.
En la zona de la costa cántabra (entorno de Santillana y el valle de Reocín), la documentación del siglo X menciona a miembros de la pequeña nobleza local con nombres que coinciden con los confirmantes de San Millán. La repetición de los nombres Jimeno, Velasco y Barone en ambos extremos (Costa y Rioja) indica que pertenecen al mismo grupo de parentelas (clanes familiares expandidos).

Los seniores que aparecen en San Millán junto a Scemeno Barone suelen tener intereses en las salinas y en las rutas de salida al mar. Los BARÓ de la costa (cerca de San Vicente de la Barquera y Santillana) controlaban puntos estratégicos de comercio marítimo. Scemeno Barone era seguramente el representante del linaje en la corte condal de Castilla, mientras que otros miembros de la familia (sus hermanos o primos) mantenían el control de la "retaguardia" en Liébana y la costa.

No existe un documento que diga "Yo, Jimeno Baró, natural de Liébana y vecino de la Costa...". Pero, la coincidencia temporal es absoluta: Scemeno Barone es la prueba de que el linaje ya era "trans-territorial" antes del año 1000. No era un linaje de aldea, sino una red de seniores que conectaba el Cantábrico con el Ebro.

Y si Jimeno era parte del clan BARÓ, tiene que haber estado conectado con otros personajes contemporáneos, como los mencionados Velasco de Baró y Diego de Baró. Es lógica histórica pura o prosopografía (reconstruir familias a través de la repetición de nombres y su presencia en documentos clave) y encaja con los patrones de comportamiento de la aristocracia de los siglos X y XI.

En la documentación de Liébana el nombre Velasco es recurrente entre los boni homines que poseen tierras. Existe constancia de un Velasco vinculado al solar de Baró en el siglo X. Como en esa época, el sistema de herencia solía favorecer que un hijo mantuviera el solar original (el "tronco"), otros hermanos, segundones o con ambición política, se desplazaban a la "frontera" (La Rioja/Burgos) para abrir nuevas ramas. Si Velasco fue quien se quedó como guardián del solar lebaniego y de los intereses en la costa cántabra, y Jimeno se marchó a la corte de los condes de Castilla (apareciendo en San Millán en el 944), es altamente probable que fuesen hermanos.

También, en el documento fundacional de Oña, firmado por el Conde Sancho García, aparecen los nombres de los nobles más importantes que dotan al monasterio. Entre ellos, el linaje Baró. Representado por Diego, quien señala que recibió las tierras de su abuelo. Si Scemeno Barone estaba activo en el 944 (San Millán), para el año 1011 (Oña), su nieto (Diego) estaría en la plenitud de su carrera política o militar. Además si Diego era nieto de un senior que ya firmaba con los condes de Castilla décadas atrás (como hizo Scemeno), esto explicaría por qué los BARÓ ocupan un lugar de honor en Oña desde el primer día; no eran "recién llegados" a Burgos; eran los descendientes de la rama que Jimeno había plantado allí un siglo antes.

Y así fue como Jimeno de Baró, hermano de Velasco de Baró, abuelo de Diego de Baró, y descendiente directo de Alafont y Aragonti inició la expansión a Burgos en el siglo X.

jueves, 12 de marzo de 2026

Los BARÓ de Camargo

Sabemos positivamente que se trata de un proyecto muy ambicioso, si no imposible. No es factible trazar todas las ramas de los BARÓ, aún teniendo ya un claro registro de su origen en Líebana y de su expansión por diferentes regiones de la Península, incluso de América. No siempre hay documentación, especialmente en los siglos más tempranos, y no siempre es posible hacer inferencias desde la historia y/o otras disciplinas.

En varias ocasiones hemos referido al pleito de hidalguía (1540) de Juan de Baro, vecino de Cuzcurrita de Río Tirón, La Rioja. Y siempre hemos pensado que sería un descendiente de alguno de los BARÓ que estaban en la zona, principalmente en Grañón y Herramélluri, desde el siglo X. Pero, consultando el expediente, vemos que su bisabuelo era del Valle de Camargo, asi que no tenemos más remedio que registrar una rama del clan de la que no teníamos constancia hasta ahora.



Para rastrear la genealogía de Juan de Baro debemos remitirnos a los archivos de la Real Chancillería de Valladolid, que es tribunal donde los hidalgos del norte de España debían litigar sus "Pleitos de Hidalguía" para demostrar que estaban exentos del pago de pechos (impuestos) reservados al estado llano. Él era hijo de Diego de Baro, también vecino del mismo pueblo; nieto de Lope de Baro, y bisnieto de Pedro de Baro, estos últimos, procentes de la zona de Trasmiera, puntualmente del Valle de Camargo. El bisabuelo, también citado en algunos documentos como Pero de Baro (aprox. 1450-1480) fue el primer miembro del linaje que consolidó la presencia de la familia en la zona de Santo Domingo de la Calzada y sus alrededores (como Cuzcurrita).

Es muy probable que Pedro de Baro saliera de Camargo porque, como hijo segundón (que no heredaba la casa principal), buscó fortuna en las tierras ricas en vino y cereal de Cuzcurrita, donde su nobleza le permitía destacar sin tener que labrar la tierra con sus propias manos. En el siglo XVI, el Valle de Camargo no era una unidad administrativa única, sino un conjunto de concejos (Maliaño, Muriedas, Revilla, Camargo, etc.) donde los BARÓ dejaron huella. Los documentos más importante para rastrear hidalgos en Cantabria antes de 1540 son los Apeamientos de la Merindad de las Asturias de Santillana (1404 y posteriores actualizaciones). En estos registros, los BARÓ aparecen como "escuderos" y "hombres de honor". Se les vincula específicamente con solares en el Valle de Camargo, donde poseían tierras que no pagaban tributos al rey, sino que eran de behetría o de hidalguía pura. Además, se registran Pleitos de Tablas, documentos que registraban quién tenía derecho a sentarse en los bancos de la iglesia y quién podía ser elegido para cargos públicos. En el Archivo Municipal de Camargo y en el Archivo Histórico Provincial de Cantabria, existen menciones a miembros de la familia ocupando el cargo de Regidor o Procurador del valle durante el siglo XV y principios del XVI. Estos documentos confirman que los BARÓ de Camargo eran "Parientes Mayores" en la zona, lo que explica por qué Juan de Baro, en 1540, pudo ganar su pleito tan fácilmente: su apellido ya estaba "limpio" y registrado en los libros de hidalguía de la montaña.

La mayoría de los tratadistas (como Lope García de Salazar en sus Bienandanzas e Fortunas) sitúan a los BARÓ como un linaje antiguo de la Merindad de Trasmiera. Pedro de Baro pudo haber llegado a La Rioja siguiendo las rutas comerciales de la lana o por alianzas matrimoniales con otras familias de la zona (como los Velasco o los Salazar). Al establecerse allí, fundó una "rama menor" que mantuvo el prestigio del solar original, permitiendo que su bisnieto, Juan de Baro, ganara el pleito de 1540 casi un siglo después.

Pero también Pedro perfectamente pudo haber sido descendiente de los BARÓ que seis siglos antes ya estaban en La Rioja Alta. La presencia de los BARÓ (o Baru, Baroñ) en la zona del valle del río Tirón y el alto Oja (Grañón, Herramélluri, Alcuende) está documentada en el Cartulario de San Millán de la Cogolla y en el de Santo Domingo de la Calzada mucho antes de las oleadas migratorias del siglo XIV.

De hecho, ¿por qué alguien haría mención al Valle de Camargo cuando hay BARÓ instalados allí desde tiempos inmemoriales? La respuesta a este interrogante nos cambia la perspectiva: no hablamos de una migración de ida y vuelta, sino de la supervivencia de un linaje autóctono riojano que, para sobrevivir legalmente en el siglo XVI, tuvo que "re-etiquetarse" bajo los estándares de la nobleza del norte. Así, los BARÓ de Cuzcurrita de 1540 podrían ser descendientes directos de aquellos repobladores del siglo X que nunca se fueron de La Rioja.

Ocurre que en 1540, para probar la hidalguía, los tribunales de la Chancillería eran muy escépticos con los linajes "locales" porque era una zona de mucha mezcla social; los jueces daban mucha más credibilidad a quien decía venir de un Solar de la Montaña (Cantabria/Asturias).

Quizás Juan de Baro, al armar su pleito, hiciera lo que muchos hidalgos riojanos de la época: vincular su linaje con una casa solariega cántabra para asegurar el veredicto positivo. Era una estrategia jurídica común: aunque la familia llevara 500 años en Grañón o Cuzcurrita, afirmaban que su "tronco y raíz" venía de la Montaña porque allí la nobleza se consideraba "pura" y no "de privilegio".

Sea cual fuera el origen de este Juan (La Rioja Alta o Camargo), resulta necesario ahora determinar de dónde procedían los BARÓ costeros, ya que sabemos que Baró en Liébana es el verdadero solar primigénito.

Para reconstruir la presencia del linaje Baro (también grafiado como Varó, Baru, Baron o Baruñ) en el Valle de Camargo y su entorno inmediato (Asturias de Santillana) entre los siglos X y XVII, es necesario cruzar fuentes documentales de diversa índole; desde cartularios monásticos medievales hasta los pleitos de hidalguía de la Edad Moderna:
  • Año 952: se registra en el Cartulario de Santa María de Piasca (cerca de Liébana) la mención a Baroñ, un hidalgo con propiedades en la zona de influencia de la costa cántabra. Aunque la escritura no menciona su filiación, registra una donación o confirmación de bienes al monasterio de Piasca, lo que indica que los de Liébana y los de Camargo son la misma familia. En el siglo X, si un individuo era lo suficientemente importante como para figurar como testigo o confirmante (confirmant), su solo nombre solía bastar, o se le identificaba por su cargo.
  • Año 1081: En el Cartulario de San Salvador de El Moral, aparece un Munio Baro como testigo en una donación de tierras que incluía derechos en el litoral central de Cantabria, zona que hoy corresponde al arco de la Bahía de Santander y Camargo. El documento no menciona el patronímico (no dice "Munio Baro, hijo de…"), pero en la onomástica del siglo XI, el nombre "Munio" (o Muño) era extremadamente común. Lo que distingue a este individuo es el uso de Baro como un sobrenombre o apellido temprano que ya empieza a ser hereditario. En este contexto, Munio Baro aparece como un hombre de estatus, un senior o caballero, cuya identidad ya estaba ligada al linaje "Baro" sin necesidad de citar a su progenitor para ser reconocido en la curia local. Por la redacción y los otros testigos, se deduce que Munio Baro pertenece a la nobleza de la Merindad de las Asturias de Santillana. Al analizar el Cartulario de Santo Toribio de Liébana aparecen registros de un Munio vinculado a las propiedades de la zona de Baró (Camaleño). Aunque en los documentos a menudo se omiten los apellidos en favor de cargos (como senior), la coincidencia con el Munio Baro que firma en el Cartulario de El Moral (Camargo) en 1081 es aceptada por historiadores como Julia Montenegro y Eduardo Jusué. Se trata de un "Senior" (noble con mando sobre tierras). El hecho de que firme en el litoral (Camargo) y aparezca vinculado al valle de origen (Liébana) sugiere que Munio Baro era el jefe de la casa en ese momento, supervisando la expansión del linaje hacia la costa. Los indicios apuntan a que es una única persona; si Munio Baro firma en Camargo en 1081, lo hace con ese nombre para que todos sepan que es el señor que viene de la casa de Baró en Liébana.
  • Año 1125: Registro de un Petrus Baro en un documento de partición de bienes en la zona de las Asturias de Santillana.
  • Año 1404: En el Apeamiento de la Merindad de las Asturias de Santillana se cita a los Baro como poseedores de solares en el Valle de Camargo. Se les define como "fijosdalgo" (hijos de algo) exentos de pechos reales.
  • Año 1465: Documentos del Archivo Municipal de Camargo mencionan a un Juan de Baro (posible pariente colateral del Pedro que fue a La Rioja) participando en el regimiento del valle.
  • Año 1492: Se registra a un Lope de Baro (que podría ser el abuelo de Juan) en una disputa por lindes de tierras de labranza y pastos en la zona de Muriedas (Camargo). Se menciona que su casa tiene blasón, lo que confirma su estatus noble.
  • Año 1515: En las Actas Concejiles de Camargo, aparece un García de Baro como procurador síndico. Esto demuestra que la familia seguía ostentando poder político en el valle mientras otros miembros emigraban.
  • Año 1528: Censo de Pecheros de Carlos V. En Camargo, los Baro no aparecen en las listas de quienes pagan impuestos, lo que ratifica documentalmente su condición de hidalgos de sangre ante la Corona.
  • Año 1540: Ejecutoria de Hidalguía de Juan de Baro. Aunque el pleito se litiga en Valladolid para surtir efecto en Cuzcurrita de Río Tirón, el documento contiene testimonios de ancianos de Camargo que declaran bajo juramento que los Baro son "de los solares más antiguos y conocidos del valle".
  • Año 1572: Registro parroquial en la iglesia de San Pantaleón de Escobedo (Camargo) mencionando el bautismo de descendientes de la rama principal que permaneció en Cantabria.
  • Año 1624: Expediente de pruebas para el ingreso en la Orden de Santiago de descendientes de los BARÓ de Camargo. Se realiza una inspección física del solar original en el valle, describiendo las armas (la banda engolada en dragantes).
  • Año 1658: Registro de bienes de la familia Baro en el catastro local, donde se mencionan propiedades en las localidades de Maliaño y Revilla de Camargo.
De esta manera, podríamos afirmar que los BARÓ de Liébana tenían tierras en la costa cántabra desde mediados del siglo X y que fue Munio Baro el iniciador de esa reserva de nobleza. En simultáneo, el linaje estaba también presente en Las Merindades y en La Rioja Alta. La expansión a Córdoba se inicia en Burgos y a León, en Liébana.