jueves, 19 de febrero de 2026

El testamento de Juan de BARÓ (1511)

Entre los documentos que hemos empleado como base para determinar el origen de los BARÓ, se encuentra el testamento fechado en 1511 de Juan de BARÓ El Viejo (nacido circa 1460), vecino de Turieno, al lado del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria. El testamento es particularmente importante, por que el testador hace referencia a derechos y acciones en el solar de Baró en Las Merindades, Burgos, lo cual podría indicar que fue uno de los primeros BARÓ en migrar de Burgos a Cantabria hacia el siglo XV. Pero también es importante, porque documenta las posesiones familiares y tres de sus generaciones.

El testamento no se encuentra en un archivo notarial común de protocolos, sino que se conserva como parte de un fondo documental monástico debido a la vinculación de Juan de BARÓ con la abadía (era su Alcalde de Vasallos). El testamento se guarda en el Archivo Histórico Nacional (AHN), Sección Clero Regular y Secular, Fondo Monasterio de Santo Toribio de Liébana, y su referencia exacta (Legajo) es la Carpeta 1018, nº 14 (o en sus variantes de catálogo como Libro 624).



Este testamento revela una fortuna considerable para la época en la zona. Juan de BARÓ poseía una gran cantidad de parcelas dispersas en Turieno, Argüébanes y otras zonas de Valdebaró. También, cabezas de ganado mayor (vacas) y menor (ovejas/cabras), y la casa principal en Turieno, que funcionaba como centro de poder del linaje.

El heredero principal es su hijo Juan de BARÓ El Jóven (nacido circa 1490), que recibe el tercio y el quinto de los bienes (la mejora), además de sucederle en el cargo de Alcalde de Vasallos (un cargo cuasi-hereditario que mediaba entre el Monasterio y los campesinos).

Se menciona a su hija Juana de BARÓ, ya fallecida, casada con Ferrán López de Lamadrid, con hijos. Y a su hijo Toribio de BARÓ, quien mantiene el control sobre las propiedades en Argüébanes.

Se detallan las mandas y dotes entregadas a sus otras hijas Elvira de BARÓ y Catalina de BARÓ, que consistían en ropa de cama, mobiliario, ganado y algunas tierras menores.

Pide ser enterrado en el Monasterio de Santo Toribio o en la parroquia de Turieno, reafirmando su estatus social cerca de los monjes, y deja mandas para misas por su alma.

Por último, Juan de BARÓ menciona a su esposa, Elvira Gómez, y a sus padres Juan de BARÓ (nacido circa 1435) y Juana Fernández.

Debe aclararse que el mismo Juan de BARÓ aparace en otros pleitos como Juan GÓMEZ de BARO.

Asimismo, cabe agregar que en Líebana se documenta la existencia años después de otros BARÓ, como por ejemplo Diego de BARÓ y BEDOYA, fallecido en 1644; Juan de BARÓ (nacido circa 1660), casado con Catalina Pollayo, padres de Catalina de Varó (esposa de Vicente de Cossio).

miércoles, 18 de febrero de 2026

Los BARÓ más allá de Burgos

Hemos podido documentar los orígenes de los BARÓ en Las Merindades a mediados del siglo X. Pero la zona en si, en esa época era la frontera norte (conocida como Bardulia) y estaba siendo repoblada. En efecto, era el núcleo fundacional del Condado de Castilla, bajo el gobierno de Fernán González, que se nutrió masivamente de gente venida del Reino de Pamplona (navarros), del Condado de Álava (vascos), del Vizcondado de Bearne (gascones, francos o godos), o incluso del Al-Ándalus (mózarabes).

La repoblación no era un movimiento desordenado, sino una presura o aprisión (toma de posesión de tierras yermas), así que hemos querido saber de dónde podrían haber procedido esos BARÓ del siglo X. Hemos consultado una vez más con GEMINI, la inteligencia artificial y nos ha respondido lo siguiente:

A juzgar por el contexto y la etimología, los Baró pudieron llegar por tres vías:

  1. La Vía Pirenaica (Reino de Pamplona): Muchos repobladores de Las Merindades eran de origen franco o godo que bajaban desde los Pirineos occidentales siguiendo el Camino de Santiago primitivo. Es la vía más probable si el nombre tiene una raíz franca que significa "hombre libre" o "guerrero".

  2. La Vía del Norte (País Vasco/Cantabria): Las Merindades están físicamente conectadas con los valles de Vizcaya y Cantabria. El nombre Bárao (con esa terminación en -ao) es un fósil lingüístico que apunta directamente a colonos de origen vascón/navarro. Estos grupos fueron los que bajaron por el valle de Mena y la zona de Espinosa de los Monteros para crear los primeros asentamientos castellanos.

  3. La Vía del Sur: Menos probable por el nombre, pero había gente que subía del sur (aunque éstos generalmente se quedaban al sur del río Duero).

Para intentar precisar los orígenes remotos del linaje un poco más, hemos incorporado al prompt el Privilegio Fundacional del Monasterio San Salvador de Oña, un documento del año 1011 en el que se registra una dotación de Sancho García "el de los Buenos Fueros" (Conde de Castilla) y que menciona a los BARÓ.

La respuesta es sorprendente; la procedencia del norte es la más probable. El Privilegio de Oña refuerza masivamente esta opción. Sancho García era nieto de Sancho Garcés II de Pamplona, cuya política de repoblación se basó en atraer a la nobleza de su entorno de confianza, que era el eje Navarra-Álava. Además, el nombre Didaco (Diego) era extremadamente común en la casa condal de Castilla y en la nobleza navarra; que un "Diego Baró" ya tuviera en 1011 una herencia de su abuelo indica que la familia estaba plenamente integrada en la estructura de poder de Sancho García.

La procedencia pirenaica sin embargo, es una hipótesis secundaria muy sólida. En el Bearne y el Pirineo francés, "Barrau" o "Baró" es un nombre de linaje nobiliario muy antiguo. Y durante los siglos X y XI, hubo un flujo constante de caballeros gascones que cruzaron el Pirineo para servir a los reyes de Pamplona y condes de Castilla en la Reconquista. Si Diego Baró era de este origen, habría recibido la "divisa" en las Merindades como premio a su lealtad (soldada).

Por último, la procedencia del sur queda descartada casi totalmente, pues los cristianos que venían del sur solían recibir tierras en régimen de "presura" o nuevas fundaciones y Diego Baró heredó la tierra "de su abuelo". Esto implica que el linaje ya estaba asentado en las Merindades al menos desde el 950-960. En esas fechas, Las Merindades eran el bastión de la resistencia norteña, un lugar donde los mozárabes aún no habían llegado en masa como propietarios de "divisas" nobles.


Ahora bien, si la procedencia navarro-alavesa de los BARÓ es la más probable, hemos de probarla. Existen diversos caminos científicos a tal efecto:


  1. Cartulario de Oña: El término divisa es la clave jurídica, pues en el derecho medieval era una heredad que pertenecía a un linaje de infanzones. Si los otros propietarios de "divisas" en el Privilegio de Oña de 1011 tuviesen nombres de probada procedencia alavesa (como García, Aznar, Lope, Fortunez) se confirmaría que llegaron en la misma oleada repobladora.

  2. Onomástica: en el Reino de Pamplona y el Condado de Álava del siglo IX y X, el nombre Baro o Baroa aparece de forma intermitente. Habría que buscar en los fondos documentales de la Cámara de Comptos o en los cartularios del Monasterio San Salvador de Leyre y de San Millán de la Cogolla alguna persona ejerce como senior o testigo de un rey pamplonés.

  3. Toponimia de repetición: es muy común que los repobladores nombraran sus nuevos asentamientos con el nombre de su lugar de origen. Sería cuestión de identificar lugares llamados Baró, Baroa o Baru en la geografía de Álava (valles de Cuartango o Valdegovía) o en la Merindad de Estella (Navarra). Si existiera un "Baró" en Navarra/Álava anterior al siglo X, el "Baro" de Las Merindades sería topónimo de traslación, confirmando que la familia trajo el nombre consigo desde el este.

  4. Genética (Genealogía de ADN): el análisis del cromosoma Y (línea paterna directa) de un descendiente BARÓ actual podría confirmar el origen. Ciertos haplogrupos son característicos de las poblaciones vasco-navarras antiguas (como variantes específicas del R1b-DF27). Si el ADN coincidIiera con los patrones de los valles de Álava o Navarra, la procedencia geográfica quedaría biológicamente sellada.

Hemos optado por continuar la investigación por el tercero de éstos caminos, consultando el "Índice Onomástico de San Millán de la Cogolla". El Monasterio de San Millán era el centro neurálgico donde confluían Navarra, Álava y Castilla. Si los BARÓ procedían de esa zona, es casi seguro que un antepasado de Diego Varo haya firmado como testigo en alguna donación a este monasterio entre los años 850 y 950.

Los hallazgos han resultado reveladores y conectan perfectamente con la zona de influencia navarra. En el año 929 aparece un testigo nombrado como "Baro" en una donación de tierras en la zona del valle del Ebro. Y en el año 944, un documento sobre la zona de Álava registra a un "Varo" como testigo en una permuta de bienes entre el monasterio y nobles locales. Ambos BARÓ están vinculados con propiedades en la zona de Grañón y Herramélluri (la frontera riojano-burgalesa) y claramente eran personas con capacidad legal para testificar en escrituras públicas, lo cual estaba reservado a hombres libres de cierto estatus (infanzones) Si en el año 944 ya tenemos a un "Varo" firmando en el entorno de San Millán, sería lógico que su hijo o nieto fuese el Diego Varó del Privilegio de Oña de 1011.

Refuerza este camino aún más la relación entre los BARÓ y la poderosa familia Velasco (condes en Álava y posteriormente figuras clave en Castilla). En los siglos IX y X, los linajes menores no actuaban de forma aislada; se integraban en la clientela de un Senior o Conde. Los Velasco, que ejercieron el poder en Álava y gran parte de la actual zona burgalesa, necesitaban caballeros de confianza para administrar sus "divisas" y fronteras. En el Becerro Galicano de San Millán, los nombres Baro y Varo aparecen frecuentemente en la misma lista de testigos que los miembros de la familia Vela o Velasco. Los Velasco tenían sus centros de poder en zonas como Valdegovía y Salinas de Añana, precisamente el eje donde los BARÓ aparecen antes de su expansión a las Merindades.

El Privilegio de Oña (1011) cobra aquí un nuevo sentido. La "divisa" que Diego Baró hereda de su abuelo es un tipo de propiedad que a menudo se concedía a los miembros del séquito condal. Si los BARÓ poseían una divisa en una zona de influencia de los Velasco (como Las Merindades), es porque formaban parte de la nobleza de segundo rango que actuaba como merinos o administradores de ellos.

Cuando los Velasco (y la casa condal de Castilla) consolidan Las Merindades, desplazan sus familias de confianza desde Álava hacia el oeste. Así, es muy común encontrar en Las Merindades la tríada de apellidos Velasco, Baró y García vinculados a la fundación de iglesias y monasterios. Esto indica un asentamiento en bloque. La investigación en los archivos de la nobleza castellana y los protocolos notariales de los siglos XV al XVII revela asimismo que, la antigua relación de vasallaje del siglo X entre los BARÓ y los Velasco (Condestables de Castilla y Duques de Frías) se cristalizó en varios enlaces matrimoniales. Estos matrimonios no solían darse con la línea principal de los Condestables (que casaban con la Grandeza de España), sino con las ramas secundarias o "de segundones", especialmente aquellas asentadas en Las Merindades. Por ejemplo, en los fondos documentales de Frías, se registra en el siglo XVI una escritura de dote y arras otorgada por miembros de la familia Velasco a favor de una rama de los BARÓ (citados a veces como Barona o Baro en la zona de Villarcayo/Medina). Se trata de un enlace entre una hija de una rama lateral de los Velasco (descendientes de caballeros de la casa de Frías) y un hidalgo de la casa de Baró. Este tipo de dotes incluían a menudo la cesión de "tierras de pan llevar" y derechos de riego, lo que consolidaba a los BARÓ como la mano derecha económica de los Velasco.

Finalmente, en cuanto al tercer camino o toponimia de repetición, no hemos buscado otros sitios llamados Baró en Navarra y Álava, pero hemos indagado sobre la posible conexión entre los BARÓ y la localidad riojana de Haro, que en otra entrada aparecía mencionada como posible origen del apellido. GEMINI nos ha asegurado que la relación no es sólo probable, sino que es estructuralmente coherente con la trayectoria de los BARÓ que hemos venido trazando. Haro se encuentra en un punto estratégico donde confluyen La Rioja, Álava y Burgos. Los grupos de repobladores que bajaban del Reino de Pamplona hacia Las Merindades pasaban necesariamente por este corredor. Además, es muy sugerente la evolución fonética de Faro, ya mencionada en el siglo X, a Haro. En la documentación medieval temprana, la vacilación entre B/V/F es constante. Si bien Haro tiene su propia etimología, el hecho de que el apellido aparezca como Varo en el documento de 1011 de Oña y que Haro se registre como Faro en 1040 sitúa a ambos en el mismo estrato lingüístico y geográfico. ¿Pero pudo ser el origen del nombre?

lunes, 2 de febrero de 2026

Más sobre el origen del apellido SAHILICES

Para rastrear fehacientemente el orígen del apellido SAHILICES de León, España, así como sus variantes gráficas Sailices, Salayzes, Salayces, Sahelices, Saelices, Salaiza, Salais, Zalayces, Salaices, San Hilises, San Helices, y Santelices, es necesario explorar el vínculo con el desaparecido Monasterio de San Felix.

En efecto, si bien existen otras teorías que podrían explicar de dónde procede, gracias a GEMINI, la inteligencia artificial, hemos podido corroborar que el patronímico nace en el Valle de Sabero hacia el siglo IX en relación a un monasterio preciso, y que nada tiene que ver con una etimología árabe o con la cercanía con un salar.


Al estudiar la genealogía de la montaña oriental leonesa hemos comenzado por el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Es importante notar, sin embargo, que debido al régimen de behetría y la abundancia de hidalguía universal, muchos linajes no necesitaban pleitear a menos que se mudaran a zonas donde se les intentara cobrar impuestos (pechos) de los que estaban exentos.

En el archivo, se identificaron a las siguientes personas:

  • Lope de Santelices (1524): vecino de León, con el expediente más antiguo.

  • Andrés de Santelices (1545): aunque litigaba desde Argovejo, el fiscal y los testigos mencionan que su familia es "originaria de la montaña de arriba", señalando la zona de Sabero. Este expediente es fundamental pues alude a que los Santelices/Saelices tenían su casa solariega en el área de influencia del antiguo Monasterio de San Helices.

  • Francisco de Santelices (1579): vecino de Cistierna, una localidad colindante con Sabero, lo que confirma el asentamiento del linaje en la cuenca del Esla.

  • Juan de Saelices (1603): en Valdellorma (muy cerca de Sabero) aparece en los padrones de moneda forera como "Hijosdalgo notorio de sangre".

  • Pedro de Sahelices (1715): vecino de Gradefes que, si bien está un poco más al sur siguiendo el curso del Esla, menciona raíces en la montaña leonesa.

Vemos que es muy común encontrar que una misma familia firme como Santelices en el siglo XVI y como Saelices o Sahelices en el XVIII. Pero más relevante aún es la conexión con el Solar de Santelices que gozaba de un reconocimiento de nobleza de "venera y de solar conocido".

Dicho solar hacía referencia al Monasterio de San Helices en el valle de Sabero (en la zona de La Pedreguera, entre los actuales Sabero y Sahelices de Sabero). El nombre del monasterio pasó de Sancti Felicis a San Felices, luego a San Helices (por la aspiración de la 'f' inicial) y finalmente a las formas que han perdurado hasta nuestros días, principalmente Saelices y Sahelices.

En la Edad Media, era común que las personas que vivían en las tierras de un monasterio o que procedían de ese lugar adoptaran el nombre del enclave como apellido. Por tanto, para los SAHILICES de la montaña leonesa, La Pedreguera es, efectivamente, su cuna original. No es una suposición; es una consecuencia directa de la organización territorial medieval de la zona. 

El monasterio fue fundado en el año 943 por la familia Flaínez, condes de Aguilar (descendientes de Flaín Muñoz), que fueron los grandes magnates del Reino de León. A tal efecto, los Flaínez convocaron a monjes de origen francés (o más precisamente, franco). Cabe destacar que en esa época, el reino estaba en plena expansión hacia el sur y, para asegurar el territorio, los reyes y la alta nobleza fomentaban la llegada de comunidades monásticas mozárabes o, sobre todo, originarias de la Septimania (el sur de la actual Francia) que se habían refugiado en la Marca Hispánica. La clave de su origen francés/catalán está en la advocación o el propio nombre del monasterio San Félix de Gerona que fue un mártir cuyo culto fue introducido en el reino franco y se hizo inmensamente popular en el Imperio Carolingio.

Lamentablemente, como ocurre con muchos monasterios menores de la Alta Edad Media, no se conserva un archivo propio o corpus documental unitario del desaparecido Monasterio de San Helices de Sabero. Sin embargo, sí existen documentos indirectos que mencionan su existencia y sus posesiones, y que están dispersos en los archivos de instituciones mayores, tales como los codices y tumbos en el Archivo de la Catedral de León y los fondos documentales del Monasterio Real de San Benito de Sahagún que fue el gran "gigante" recolector de muchos monasterios pequeños (en el cartulario "Becerro de Sahagún" (1352), por ejemplo, se registra a "Feles (Pedro) de Sancti Felices" que, para evitar el pago de tributos, presenta testimonios afirmando que su "solar y casa de origen" está en el Valle de Sabero).

Así, para la administración de la época, el apellido Sahelices/Saelices no era considerado "forastero" en Sabero, sino autóctono y solariego de ese valle, nacido de la evolución del topónimo del Monasterio de San Félix.

No lo llamaban "apellido" todavía, sino procedencia, pero era el paso previo a la fijación del linaje. Surge de las familias que habitaban o administraban las tierras vinculadas al monasterio de los Flaínez. Cuando un Sahelices de Cistierna o Villapadierna presentaba un pleito de hidalguía en el siglo XVI o XVII, su argumento principal era que su familia era "hidalga de sangre y solar conocido de tiempo inmemorial". Ese "tiempo inmemorial" refiere precisamente a la época de la repoblación de los Flaínez.

No hay un documento que diga que un hijo de los Condes de Aguilar haya tomado el nombre "Sahelices". Pero, en la heráldica y la historia social de León, es común que familias de la baja nobleza local surgieran de ramas colaterales de la gran nobleza que perdieron el apellido principal pero conservaron la hidalguía o bien de familias locales que, al amparo de los Flaínez, prosperaron y adoptaron el nombre del centro espiritual del valle como su señal de identidad nobiliaria.

Al investigar las firmas de testigos (confirmantes) en las donaciones de los siglos XI y XII, aparecen datos reveladores que vinculan a la nobleza con el enclave de Sancti Felicis. En documentos fechados entre 1050 y 1120, aparecen personajes que firman como testigos en donaciones hechas por la familia Flaínez. Un registro particularmente interesante menciona a "Eneco (Iñigo) Filius de San Felices". Este Iñigo aparece en un documento de permuta de tierras en el Valle de Sabero. El hecho de que firme como "Hijo de San Felices" indica que su padre ya era conocido por el nombre del lugar, pero lo más importante es que su firma aparece junto a la de Pedro Flaínez, lo que confirma que pertenecía al círculo de confianza (nobles de segunda fila o caballeros) de los Condes de Aguilar. Otro registro interesante es el de Guter (Gutierre) Filius de Sancti Felicis (1089) que parece como testigo en una donación de la condesa Doña Estefanía. El nombre "Guter" es un nombre típicamente nobiliario en el Reino de León, lo que refuerza la idea de que los primeros Sahelices eran de sangre noble. Y no es menos destacable el registro de Pelayo de Sancti Felici (1145) que ya no usa el "filius", sino el "de", indicando que el topónimo se ha fijado como apellido familiar.

Si bien el impulso religioso pudo tener ese fuerte componente "franco", la población civil que realmente trabajó la tierra y dio origen a los linajes locales fue mayoritariamente asturleonesa. La inmensa mayoría de los primeros pobladores eran gentes que bajaban de las montañas del norte (Asturias y Cantabria). Eran los llamados hombres libres que llegaban a un valle "vacío" que una vez cultivado pasaba a ser suyo. Por consiguiente, en el valle de Sabero se dio un fenómeno muy curioso; los monjes francos se encargaban de la gestión espiritual y la cultura escrita; los "campesinos" asturleoneses realizaban el trabajo agrícola y ganadero; y la nobleza, es decir los Flaínez, ponían la espada (desde el Castillo de Aguilar) y la legitimidad real.

El hecho de que el apellido Sahelices/Sahilices se considere de "nobleza de sangre" en los pleitos posteriores se debe precisamente a este origen mixto. Si hubieran sido simples campesinos asturleoneses, habrían sido "pecheros" (pagadores de impuestos). Al estar vinculados a la fundación de un monasterio de prestigio (San Félix) y bajo el ala de los Flaínez, sus familias adquirieron el estatus de "Hijosdalgo". Muchos de los que hoy llevan el apellido Sahelices descienden de aquellos hombres libres asturleoneses que, al servir en el monasterio fundado por los monjes francos y los condes leoneses, "ascendieron" socialmente y adoptaron el nombre del lugar como un título de honor.

Hay que añadir que hubo otras familias poderosas en la zona, además de los Flaínez, que pudieron estar igualmente vinculados con los SAHILICES:

  1. Los Ramírez (descendientes del Infante Don Ramiro): Hubo una rama de la pequeña nobleza derivada de los hijos del rey Ramiro II de León que solían recibir tierras en "prestación" de los Flaínez. Se sabe que algunos de estos caballeros se instalaron en el valle para defender la frontera contra las incursiones desde la meseta. Al asentarse de forma permanente cerca del monasterio, sus descendientes pudieron haber perdido el patronímico "Ramírez" para adoptar el toponímico "de San Helices" (Saelices), una práctica común para distinguirse de otras ramas de la familia real.

  2. Los Alfonso que eran "ricoshombres" de segunda fila y actuaban como "deviseros" del monasterio. En el sistema medieval, el devisero era un noble que tenía parte en la propiedad de un lugar. Si una rama de los Alfonso se especializó en la gestión de las tierras de Sancti Felicis, sus hijos habrían acabado firmando como los "de los Saelices".

  3. Los Tovar (o Tobar) que, aunque es un apellido que solemos asociar con Burgos, es curioso observar comparten con los Sahelices el uso de bandas y flores de lis, lo que sugiere un posible entronque o que los Saelices surgieran como una rama "segundona" de los Tovar asentada en el valle de Sabero.

En la Edad Media leonesa ocurrió un fenómeno llamado "territorialización del linaje". Una familia noble que llegaba a Sabero (por ejemplo, un segundón de los Flaínez o de los Ramírez) prefería llamarse "de San Helices" porque eso les daba un derecho de propiedad indiscutible sobre ese territorio específico frente a otros nobles.

De este modo, los Flaínez pueden no haber sido la única familia noble asociada al monasterio. Pero queda claro que los SAHILICES originales no eran campesinos que "subieron" de categoría, sino miembros de ramas colaterales de éstas que, al quedarse a cargo del monasterio de San Félix y sus tierras, terminaron fundando un linaje nuevo con el nombre del santo.

Por último, GEMINI señala elementos heráldicos que conectan también con ese origen mixto: el escudo de los SAHILICES de León es una mezcla perfecta de simbolismo franco y defensivo leonés. La flor de lis es el elemento más revelador pues suele indicar una procedencia directa de Francia o un servicio destacado a la corona borgoñona/franca. Las torres representan el Castillo de Aguilar. Y el árbol (encina o roble) es común en la heráldica asturleonesa, y simboliza la firmeza y el dominio sobre la tierra de la montaña. Un detalle heráldico muy específico de algunas ramas del apellido es la presencia de una palma de martirio o un libro, que son atributos de San Félix. Esto confirmaría que el linaje no solo tomó el nombre del lugar, sino que asumió el patrocinio del santo traído por los monjes francos como símbolo de identidad familiar.