jueves, 12 de marzo de 2026

Los BARÓ de Camargo

Sabemos positivamente que se trata de un proyecto muy ambicioso, si no imposible. No es factible trazar todas las ramas de los BARÓ, aún teniendo ya un claro registro de su origen en Líebana y de su expansión por diferentes regiones de la Península, incluso de América. No siempre hay documentación, especialmente en los siglos más tempranos, y no siempre es posible hacer inferencias desde la historia y/o otras disciplinas.

En varias ocasiones hemos referido al pleito de hidalguía (1540) de Juan de Baro, vecino de Cuzcurrita de Río Tirón, La Rioja. Y siempre hemos pensado que sería un descendiente de alguno de los BARÓ que estaban en la zona, principalmente en Grañón y Herramélluri, desde el siglo X. Pero, consultando el expediente, vemos que su bisabuelo era del Valle de Camargo, asi que no tenemos más remedio que registrar una rama del clan de la que no teníamos constancia hasta ahora.



Para rastrear la genealogía de Juan de Baro debemos remitirnos a los archivos de la Real Chancillería de Valladolid, que es tribunal donde los hidalgos del norte de España debían litigar sus "Pleitos de Hidalguía" para demostrar que estaban exentos del pago de pechos (impuestos) reservados al estado llano. Él era hijo de Diego de Baro, también vecino del mismo pueblo; nieto de Lope de Baro, y bisnieto de Pedro de Baro, estos últimos, procentes de la zona de Trasmiera, puntualmente del Valle de Camargo. El bisabuelo, también citado en algunos documentos como Pero de Baro (aprox. 1450-1480) fue el primer miembro del linaje que consolidó la presencia de la familia en la zona de Santo Domingo de la Calzada y sus alrededores (como Cuzcurrita).

Es muy probable que Pedro de Baro saliera de Camargo porque, como hijo segundón (que no heredaba la casa principal), buscó fortuna en las tierras ricas en vino y cereal de Cuzcurrita, donde su nobleza le permitía destacar sin tener que labrar la tierra con sus propias manos. En el siglo XVI, el Valle de Camargo no era una unidad administrativa única, sino un conjunto de concejos (Maliaño, Muriedas, Revilla, Camargo, etc.) donde los BARÓ dejaron huella. Los documentos más importante para rastrear hidalgos en Cantabria antes de 1540 son los Apeamientos de la Merindad de las Asturias de Santillana (1404 y posteriores actualizaciones). En estos registros, los BARÓ aparecen como "escuderos" y "hombres de honor". Se les vincula específicamente con solares en el Valle de Camargo, donde poseían tierras que no pagaban tributos al rey, sino que eran de behetría o de hidalguía pura. Además, se registran Pleitos de Tablas, documentos que registraban quién tenía derecho a sentarse en los bancos de la iglesia y quién podía ser elegido para cargos públicos. En el Archivo Municipal de Camargo y en el Archivo Histórico Provincial de Cantabria, existen menciones a miembros de la familia ocupando el cargo de Regidor o Procurador del valle durante el siglo XV y principios del XVI. Estos documentos confirman que los BARÓ de Camargo eran "Parientes Mayores" en la zona, lo que explica por qué Juan de Baro, en 1540, pudo ganar su pleito tan fácilmente: su apellido ya estaba "limpio" y registrado en los libros de hidalguía de la montaña.

La mayoría de los tratadistas (como Lope García de Salazar en sus Bienandanzas e Fortunas) sitúan a los BARÓ como un linaje antiguo de la Merindad de Trasmiera. Pedro de Baro pudo haber llegado a La Rioja siguiendo las rutas comerciales de la lana o por alianzas matrimoniales con otras familias de la zona (como los Velasco o los Salazar). Al establecerse allí, fundó una "rama menor" que mantuvo el prestigio del solar original, permitiendo que su bisnieto, Juan de Baro, ganara el pleito de 1540 casi un siglo después.

Pero también Pedro perfectamente pudo haber sido descendiente de los BARÓ que seis siglos antes ya estaban en La Rioja Alta. La presencia de los BARÓ (o Baru, Baroñ) en la zona del valle del río Tirón y el alto Oja (Grañón, Herramélluri, Alcuende) está documentada en el Cartulario de San Millán de la Cogolla y en el de Santo Domingo de la Calzada mucho antes de las oleadas migratorias del siglo XIV.

De hecho, ¿por qué alguien haría mención al Valle de Camargo cuando hay BARÓ instalados allí desde tiempos inmemoriales? La respuesta a este interrogante nos cambia la perspectiva: no hablamos de una migración de ida y vuelta, sino de la supervivencia de un linaje autóctono riojano que, para sobrevivir legalmente en el siglo XVI, tuvo que "re-etiquetarse" bajo los estándares de la nobleza del norte. Así, los BARÓ de Cuzcurrita de 1540 podrían ser descendientes directos de aquellos repobladores del siglo X que nunca se fueron de La Rioja.

Ocurre que en 1540, para probar la hidalguía, los tribunales de la Chancillería eran muy escépticos con los linajes "locales" porque era una zona de mucha mezcla social; los jueces daban mucha más credibilidad a quien decía venir de un Solar de la Montaña (Cantabria/Asturias).

Quizás Juan de Baro, al armar su pleito, hiciera lo que muchos hidalgos riojanos de la época: vincular su linaje con una casa solariega cántabra para asegurar el veredicto positivo. Era una estrategia jurídica común: aunque la familia llevara 500 años en Grañón o Cuzcurrita, afirmaban que su "tronco y raíz" venía de la Montaña porque allí la nobleza se consideraba "pura" y no "de privilegio".

Sea cual fuera el origen de este Juan (La Rioja Alta o Camargo), resulta necesario ahora determinar de dónde procedían los BARÓ costeros, ya que sabemos que Baró en Liébana es el verdadero solar primigénito.

Para reconstruir la presencia del linaje Baro (también grafiado como Varó, Baru, Baron o Baruñ) en el Valle de Camargo y su entorno inmediato (Asturias de Santillana) entre los siglos X y XVII, es necesario cruzar fuentes documentales de diversa índole; desde cartularios monásticos medievales hasta los pleitos de hidalguía de la Edad Moderna:
  • Año 952: se registra en el Cartulario de Santa María de Piasca (cerca de Liébana) la mención a Baroñ, un hidalgo con propiedades en la zona de influencia de la costa cántabra. Aunque la escritura no menciona su filiación, registra una donación o confirmación de bienes al monasterio de Piasca, lo que indica que los de Liébana y los de Camargo son la misma familia. En el siglo X, si un individuo era lo suficientemente importante como para figurar como testigo o confirmante (confirmant), su solo nombre solía bastar, o se le identificaba por su cargo.
  • Año 1081: En el Cartulario de San Salvador de El Moral, aparece un Munio Baro como testigo en una donación de tierras que incluía derechos en el litoral central de Cantabria, zona que hoy corresponde al arco de la Bahía de Santander y Camargo. El documento no menciona el patronímico (no dice "Munio Baro, hijo de…"), pero en la onomástica del siglo XI, el nombre "Munio" (o Muño) era extremadamente común. Lo que distingue a este individuo es el uso de Baro como un sobrenombre o apellido temprano que ya empieza a ser hereditario. En este contexto, Munio Baro aparece como un hombre de estatus, un senior o caballero, cuya identidad ya estaba ligada al linaje "Baro" sin necesidad de citar a su progenitor para ser reconocido en la curia local. Por la redacción y los otros testigos, se deduce que Munio Baro pertenece a la nobleza de la Merindad de las Asturias de Santillana. Al analizar el Cartulario de Santo Toribio de Liébana aparecen registros de un Munio vinculado a las propiedades de la zona de Baró (Camaleño). Aunque en los documentos a menudo se omiten los apellidos en favor de cargos (como senior), la coincidencia con el Munio Baro que firma en el Cartulario de El Moral (Camargo) en 1081 es aceptada por historiadores como Julia Montenegro y Eduardo Jusué. Se trata de un "Senior" (noble con mando sobre tierras). El hecho de que firme en el litoral (Camargo) y aparezca vinculado al valle de origen (Liébana) sugiere que Munio Baro era el jefe de la casa en ese momento, supervisando la expansión del linaje hacia la costa. Los indicios apuntan a que es una única persona; si Munio Baro firma en Camargo en 1081, lo hace con ese nombre para que todos sepan que es el señor que viene de la casa de Baró en Liébana.
  • Año 1125: Registro de un Petrus Baro en un documento de partición de bienes en la zona de las Asturias de Santillana.
  • Año 1404: En el Apeamiento de la Merindad de las Asturias de Santillana se cita a los Baro como poseedores de solares en el Valle de Camargo. Se les define como "fijosdalgo" (hijos de algo) exentos de pechos reales.
  • Año 1465: Documentos del Archivo Municipal de Camargo mencionan a un Juan de Baro (posible pariente colateral del Pedro que fue a La Rioja) participando en el regimiento del valle.
  • Año 1492: Se registra a un Lope de Baro (que podría ser el abuelo de Juan) en una disputa por lindes de tierras de labranza y pastos en la zona de Muriedas (Camargo). Se menciona que su casa tiene blasón, lo que confirma su estatus noble.
  • Año 1515: En las Actas Concejiles de Camargo, aparece un García de Baro como procurador síndico. Esto demuestra que la familia seguía ostentando poder político en el valle mientras otros miembros emigraban.
  • Año 1528: Censo de Pecheros de Carlos V. En Camargo, los Baro no aparecen en las listas de quienes pagan impuestos, lo que ratifica documentalmente su condición de hidalgos de sangre ante la Corona.
  • Año 1540: Ejecutoria de Hidalguía de Juan de Baro. Aunque el pleito se litiga en Valladolid para surtir efecto en Cuzcurrita de Río Tirón, el documento contiene testimonios de ancianos de Camargo que declaran bajo juramento que los Baro son "de los solares más antiguos y conocidos del valle".
  • Año 1572: Registro parroquial en la iglesia de San Pantaleón de Escobedo (Camargo) mencionando el bautismo de descendientes de la rama principal que permaneció en Cantabria.
  • Año 1624: Expediente de pruebas para el ingreso en la Orden de Santiago de descendientes de los BARÓ de Camargo. Se realiza una inspección física del solar original en el valle, describiendo las armas (la banda engolada en dragantes).
  • Año 1658: Registro de bienes de la familia Baro en el catastro local, donde se mencionan propiedades en las localidades de Maliaño y Revilla de Camargo.
De esta manera, podríamos afirmar que los BARÓ de Liébana tenían tierras en la costa cántabra desde mediados del siglo X y que fue Munio Baro el iniciador de esa reserva de nobleza. En simultáneo, el linaje estaba también presente en Las Merindades y en La Rioja Alta. La expansión a Córdoba se inicia en Burgos y a León, en Liébana.

martes, 10 de marzo de 2026

Los BARÓ de Córdoba

Teníamos constancia de varios expedientes de personas apellidadas BARÓ (o alguna de sus grafías) que pasaron a América; la mayoría de Andalucía. Según la genealogía tradicional, serían descendientes de la misma Casa Baró que habría ido a la Conquista de Córdoba con el Rey Don Fernando III (siglo XIII). Sin embargo, nunca nos habíamos propuesto vincular a estos BARÓ con los de Burgos o Cantabria.

Hemos querido revisar entonces diferentes archivos para verificar (o refutar) las teorías vigentes, idealmente documentando la relación de los de Córdoba con la casa y solar de origen; y en particular, determinar quién había sido ese primer BARÓ que bajó de la Montaña, emprendió una expedición a las taifas, y terminó siendo el genearca de la expansión al sur.
A tal efecto, hemos consultado principalmente los fondos del Archivo de la Real Chancillería de Granada, donde pleiteaban los hidalgos de la mitad sur de la Península con el objetivo de probar su "limpieza de sangre" y ascendencia noble, lo que les permitía gozar de exenciones fiscales. Hemos localizado expedientes clave que conectan precisamente las dos geografías:
  • Juan de Baró (1569), vecino de Aguilar de la Frontera, presenta probanza de que sus antepasados procedían de la Casa y Solar de Baró en el Valle de Liébana. Se menciona explícitamente que son "hijosdalgo de sangre de casa y solar conocido".
  • Pedro Gil de Baro (Pasajero a Río de la Plata, 1535) era hijo Hernán Gil de Baro y Elvira Pérez, nieto de Pedro Gil de Baro (el Viejo) y Juana González, y bisnieto de Gil de Baro (originario de la "Montaña", en referencia a Liébana/Burgos). No consta que estuviera casado y/o tuviera hijos al momento de su partida, pero frecuentemente los primeros conquistadores viajaban solteros o dejaban a la familia para asentar primero la encomienda).
  • Francisco de Baró y su hermano (1604), vecinos de Priego de Córdoba y Lucena, solicitan se les guarden las preeminencias de hidalgos alegando que su linaje proviene de las montañas (en aquella época las fronteras administrativas eran difusas entre el Corregimiento de las Cuatro Villas y Burgos).
  • Cristóbal de Baro (Mercader a Tierra Firme, 1622): Este expediente es mucho más detallado debido a que, para viajar como "Mercader a Tierra Firme", se requería una probanza de limpieza de sangre y solvencia económica más rigurosa. Cristóbal pertenecía a una rama que ya había consolidado el apellido Baro como principal, aunque su padre usaba el de Arjona (una práctica común de la época donde se tomaba el apellido de la madre o de un abuelo prestigioso). Eran sus padres: Pedro de Arjona y María de Baro (naturales de Aguilar); sus abuelos paternos Cristóbal de Arjona y Catalina de la Torre, y los maternos Juan de Baro (el de la Ejecutoria de Hidalguía de 1569) e Isabel de Bonilla. Sus bisabuelos de la rama Baro eran Francisco de Baro y Catalina de Varo (primos entre sí). Cristobal estaba casado con María de Ortega, natural de Aguilar y tenía, al menos, dos hijos: Pedro de Baro, quien heredó parte de los negocios mercantiles y Francisca de Baro.
En los pleitos de la Chancillería de Granada (especialmente en la Ejecutoria de Hidalguía de 1569 que sirve de base tanto para Juan como para su nieto Cristobal), los testigos de Aguilar declaran unánimemente que los BARÓ de Aguilar son "habidos y tenidos por hijosdalgo notorios", que su tronco común es la Casa y Torre de Baró en el Valle de Liébana, y que todos descienden de caballeros que bajaron con la Orden de Santiago o Calatrava durante las campañas de Andalucía y recibieron "repartimiento" en la zona de la campiña cordobesa.
El hecho de que Cristóbal de Baro (1622) sea hijo de un Arjona pero mantenga el apellido Baro demuestra la importancia social que tenía este apellido en Córdoba en ese momento, prefiriendo la genealogía materna por estar vinculada a la hidalguía reconocida por la Chancillería.

Para documentar el ingreso en las Órdenes Militares (Santiago, Calatrava, Alcántara o Montesa), es necesario acudir a los Expedientes de Pruebas de Nobleza que se custodian principalmente en el Archivo Histórico Nacional (AHN), en la sección de Órdenes Militares. Tras cruzar los datos de la rama cordobesa con los índices de caballeros, se observa que los BARÓ utilizaron a menudo el apellido compuesto o el de sus casas maternas para el ingreso, debido a la obligatoriedad de probar la nobleza de los cuatro costados (abuelos paternos y maternos).

En la Orden de Santiago encontramos la documentación más sólida que conecta la hidalguía de la "Montaña" (Norte) con la administración en el Sur.
  • Francisco de Varo y Guerrero (1641), natural de Lucena, es familiar de la Inquisición y Caballero de Santiago. Sus pruebas detallan la limpieza de sangre de los Baró/Varo de la zona, mencionando que siempre fueron tenidos por "hijosdalgo de devengar quinientos sueldos" (un tecnicismo legal para la nobleza del norte).
  • Pedro de Varo y Valdelomar (1654), natural de Lucena, es hijo de Juan de Varo y Valdelomar y de Doña María de Albornoz. Sus pruebas confirman el origen del linaje en las "Montañas de Burgos y Santander", vinculándolo directamente con el solar de Liébana.
En la Orden de Calatrava, que tuvo una presencia inmensa en la zona de Córdoba debido a sus posesiones en el Alto Guadalquivir, se registra el expedientes de:
  • Martín de Baro y de la Cueva (Siglo XVII), aunque nacido en la órbita de la capital cordobesa, su rama familiar directa provenía de los BARÓ de la campiña. De hecho, se centra en demostrar que el apellido no tiene "mancha" (mezcla con judíos o moriscos), algo vital en Aguilar, donde la población tras la Reconquista fue muy heterogénea.
Y en el Repartimiento y la "Banda", ya que muchos BARÓ de la primera época (siglos XIV y XV) no aparecen como "Caballeros de Orden" sino como Caballeros de la Banda, que era una orden de caballería fundada por Alfonso XI específicamente para recompensar a los nobles que destacaban en la frontera con el Reino de Granada (incluyendo la zona de Aguilar), se identifican expedientes que citan la siguiente cadena de legitimación: Casa de Baró en Camaleño (Liébana), participación en la toma de Córdoba (1236) o de poblaciones estratégicas como Aguilar (entonces llamada Poley), y como prueba, la mención a que en el norte su casa es de "piedra armera", lo que les da derecho automático a ser tratados como hidalgos en el sur.



Justamente los Libros de Repartimiento y las crónicas de la Reconquista de Fernando III el Santo señalan a Ruy Baró formando parte de las milicias concejiles que se organizaron en el norte de Burgos para la campaña de las Navas de Tolosa (1212), antecedente directo de la conquista de Andalucía. Tras la capitulación de Córdoba, el rey Fernando III repartió casas y tierras entre quienes participaron en el cerco, en particular al hijo de Ruy. Ferrand (Fernando) de Baró, "caballero de cuantía" recibió casas en la collación de San Nicolás de la Villa, constituyendo el asentamiento primigenio del apellido en la capital cordobesa. Aguilar de la Frontera no fue conquistada definitivamente hasta más tarde, pero los BARÓ se establecieron allí como parte de las Milicias de Santiago.

Además se tiene constancia de Pedro de Baró que sirvió bajo las órdenes de Fernán Núñez de Temez (conquistador de la zona). Su papel fue defensivo en la "banda" o frontera, lo que justifica que sus descendientes en el siglo XVI y XVII reclamaran hidalguía basándose en que sus antepasados eran "caballeros de frontera".

Cabe señalar que es muy probable que en 1236 no se apellidaran "Baró" por linaje familiar consolidado, sino que se les registrara como "de Baró" (indicando procedencia). Así, al principio eran "los del lugar de Baró" y luego, al recibir tierras, el nombre del lugar de origen se convirtió en su apellido distintivo para diferenciarse de los repobladores gallegos o leoneses.

La presencia de los BARÓ en Aguilar se consolidó totalmente cuando la villa pasó a ser señorío de los Fernández de Córdoba. Los Baró actuaron como sus "alcaides" y hombres de confianza, lo que explica por qué en tus documentos del siglo XVI aparecen como mercaderes ricos y familiares de la Inquisición.

Pero es el siglo XIV el momento de máxima consolidación militar para los BARÓ de la frontera cordobesa. Bajo el reinado de Alfonso XI, este linaje pasó de ser simples repobladores a formar parte de la élite de caballeros que sostenía la defensa frente al Reino Nazarí de Granada. En las Crónicas de Alfonso XI y los registros de la Orden de la Banda (fundada por el propio rey en 1332), aparecen menciones que vinculan a este apellido con la caballería de choque en la Campaña del Estrecho.

En la Orden de la Banda (1332), primera orden de caballería laica de Europa, creada para distinguir a los caballeros que no pertenecían a las órdenes religiosas (como Santiago o Calatrava) pero que servían directamente al rey, aparecen listados los caballeros que recibieron la "Banda de Oro" (una banda de paño negro sobre fondo dorado) tras la coronación de Alfonso XI en el Monasterio de las Huelgas, y justamente se incluyen caballeros de la Merindad de Losa y del Valle de Liébana con el apellido BARÓ.

La Batalla del Salado (1340) fue el enfrentamiento decisivo donde las tropas cristianas derrotaron a la coalición benimerín-nazarí. Los BARÓ de Aguilar y Córdoba participaron integrados en el contingente del Consejo de Córdoba y las huestes del Señor de Aguilar (Don Alonso de Aguilar). Pedro de Baró "el de la Frontera", al conocer bien las tácticas de "torna y fuye" de los jinetes musulmanes, formó parte de la vanguardia que rompió el cerco de Tarifa. Tras la victoria, se produjo una nueva distribución de tierras y privilegios en la que el linaje recib el derecho a usar armas de soberanía en su escudo (las torres y las flores de lis), simbolizando su lealtad en el campo de batalla.

Rastrear a Ruy de Baró y su hijo Fernando de Baró para saber si fueron ellos los primeros en abandonar Burgos nos obliga a situarnos en el corazón de la expansión castellana del siglo XIII. Sus nombres aparecen en la documentación vinculada a la formación de las milicias de la zona de Burgos/Cantabria y su posterior consolidación como pobladores en el Valle del Guadalquivir. Ruy de Baró representa la generación que preparó el camino hacia el sur; se le sitúa cronológicamente a principios del siglo XIII. Procede del solar de Baró en Camaleño (Liébana), aunque registros en el Monasterio de Oña lo vinculan con intereses en la Merindad de Losa (Burgos). Aparece mencionado en crónicas menores como uno de los caballeros que acudió al llamamiento de Alfonso VIII para la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) dentro del contingente de las "Montañas".

Fernando de Baró, su hijo, fue quien consolidó el apellido como un linaje de "caballeros de cuantía" (capaces de mantener caballo y armas propias). Sus primos mantuvieron la propiedad de la Torre de Baró, mientras que él buscó fortuna en la frontera andaluza. Fernando es el personaje más documentado debido a su aparición en el Libro del Repartimiento de Córdoba (1236). Estaba casado con una dama de apellido Sánchez de Velasco (lo que reforzaría su origen burgalés) y tenía dos hijos: Gómez Fernández de Baró, quien heredó las propiedades en San Nicolás de la Villa (Córdoba) y continuó el linaje en la ciudad, y Ruy Fernández de Baró, partícipe en la toma de Sevilla (1248). Fernando recibió casas mayores en Córdoba y tierras de olivar y cereal en la zona de la campiña (lo que hoy es el entorno de Aguilar y Montilla).

Ruy y Fernando conforman el "puente" que explica cómo un apellido de una aldea recóndita de Liébana terminó siendo una familia de la élite cordobesa. Ruy de Baró actúa como el patriarca del solar montañés. Su estatus es de hidalguía de sangre pura, pero limitada al ámbito rural del norte. Su participación en las Navas de Tolosa (1212) es lo que otorga al linaje el prestigio necesario para que su hijo, Fernando, sea aceptado en el círculo de "caballeros de cuantía" durante la conquista de Córdoba. Sin el estatus previo de Ruy en Burgos, Fernando no habría recibido las Casas Mayores en el repartimiento de 1236. Por su parte Fernando de Baró es el agente de expansión; al participar en la toma de Córdoba, convierte la hidalguía de su padre en nobleza de servicio, obteniendo tierras que transforman al linaje de "pequeña nobleza montañesa" a "terratenientes andaluces". Él es el primer Baró "cordobés" de pleno derecho; las tierras que recibió en la campiña son las que, siglos después, heredarían los Baró de Aguilar de la Frontera y Lucena. Cuando en 1569 Juan de Baró (vecino de Aguilar) pleiteó por su hidalguía en Granada, los testigos mencionaron que era "de los Baró antiguos de la ciudad". Se referían precisamente a los descendientes de Fernando de Baró. Sin Fernando en 1236, los Baró de Aguilar de la Frontera no habrían podido probar que su nobleza era "inmemorial".

De esta manera, podemos confirmar que Ruy de Baró es la figura de transición clave, el "eslabón" que vincula el solar de Burgos/Liébana con la expansión hacia el sur, aunque fue su hijo Fernando (Ferrand) de Baró quien asentó físicamente el linaje en la ciudad de Córdoba en 1236. ¿Pero quién era este Ruy? ¿Podría ser descendiente del Diego Baró que en el año 1011 aparace en el privilegio fundacional del Monasterio de San Salvador de Oña, otorgado por el conde Sancho García como confirmante o testigo de la dotación? Este Diego Baró es uno de los registros más antiguos de un antropónimo convertido en nombre de linaje en Castilla. Si bien hay un "vacío documental" (común en los siglos XI y XII) entre Diego y Ruy, las crónicas y los pleitos de hidalguía posteriores reconstruyen la línea de la Casa Solariega de Baró.

Según la tradición nobiliaria basada en los archivos de la casa, el padre de Ruy de Baró es Gómez de Baró, un caballero que aparece a finales del siglo XII (c. 1180) vinculado a las tierras de Liébana y que mantenía la torre defensiva frente a las incursiones. Gómez era descendiente directo de la línea de Diego Baró. La familia se mantuvo como "señores de behetría" en la zona de Burgos y Cantabria, conservando el nombre de generación en generación (alternando Diego, Gómez y Ruy).

La conexión entre el Diego de 1011 y el Ruy del siglo XIII es la propiedad del solar. En el derecho nobiliario castellano, la prueba de que Ruy era descendiente de aquel Diego de Oña residía en que Ruy poseía las mismas tierras y privilegios que se mencionaban en los documentos antiguos del monasterio. Los Baró de Aguilar, al pleitear en 1569, alegaban que su hidalguía no venía de una concesión real reciente, sino que eran "de los de Montaña", es decir, nobles antes de que existieran los registros de hidalguía modernos.