La
genealogía tradicional ha sostenido siempre
que el apellido BARÓ
(a
veces
“Baro”,
“Varo”, “Varó” o
incluso “Barao”),
sería toponímico, y que tendría su origen en Baró,
hoy un
despoblado
situado
en la provincia
de Burgos,
comarca de Las
Merindades,
partido judicial de Villarcayo,
ayuntamiento de Valle
de Losa.
Más
precisamente en un
paraje situado
3 km
al
Este del ayuntamiento,
y
conocido
como El
Cañón.
Los
mismos investigadores señalan que varias líneas se esparcieron
por Cantabria y León.
Más
aún, existe
otra
localidad Baró
en el Valle de
Líebana, municipio de Calameño,
provincia de Cantabria,
a sólo una
cientena de kilómetros
de León.
Pero también
podría
ser al revés; que
los BARÓ se originaran en Cantabria y que de allí se distribuyeran
por España.
O incluso podría ser que no existiese
realmente una conexión entre los BARÓ de Burgos y los de Cantabria,
como
es el caso con los BARÓ de Cataluña
y Aragón.
Ninguno de dichos
investigadores ha provisto una lógica detalla que confirme que el
origen del linaje esté en Burgos, que explique qué motivó su
desplazamiento a Cantabria y mucho menos a León.
Barajando
explicaciones, me
he
preguntado
si podría
existir
algún vínculo entre dos monasterios, el de San
Salvador de Oña
y el de Santo
Toribio de Liébana
que ayudase a determinar el origen real de los BARÓ, y a explicar
cómo se desplazaron desde allí hasta Cabreros
del Río.
El hecho de que hubiera dos localidades llamadas Baró próximas a
los mencionados monasterios, y que la familia haya estado íntimamente
relacionada al menos con uno de ellos hasta llegar a ser su alcalde
de vasallos, me había llevado a pensar que los BARÓ serían
efectivamente originarios de Baró
en Burgos,
que de allí pasaron a Baró
en Cantabria,
y finalmente, a León.
Revisando
los archivos de dichos monasterios, no fue posible determinar una
relación fehaciente, más allá del que ambos pertenecían a la
Orden
de San Benito.
Me he servido de GEMINI,
la inteligencia artificial (IA), y no he encontrado nada que indicara
que los BARÓ de Burgos hayan sido enviados en alguna misión a
Cantabria o viceversa.
Para
investigar el patrimonio documental del Monasterio de San Salvador de
Oña, uno de los centros de poder más importantes de la Castilla
medieval, he
revisado tres
grandes archivos nacionales y repositorios digitales, pues
la
mayoría de su fondo documental fue dispersado tras la
Desamortización
de Mendizábal
en el siglo XIX:
Archivo
Histórico Nacional (Portal PARES)
es
la fuente principal que
contiene
la sección Clero Secular-Regular, donde se custodia el archivo del
monasterio tras su supresión. Contiene
donaciones
reales, bulas papales, sentencias judiciales, títulos de propiedad
(apeos) y registros de rentas.
Archivo
de la Real Chancillería de Valladolid
que
contiene documentación
judicial sobre límites de tierras, derechos de pasto y conflictos
con villas cercanas
Publicaciones
académicas
que transcriben manuscritos que difíciles de leer en su forma
original:
"Colección
diplomática de San Salvador de Oña (822-1284)" por Juan del
Álamo (1950): Es la obra cumbre. Transcribe cientos de documentos
originales, incluyendo donaciones y fueros.
"El
Monasterio de San Salvador de Oña: Economía y Sociedad" por
Isabel Oceja Gonzalo (1983): Un análisis profundo de los títulos
de propiedad y la gestión de tierras basada en los archivos del
AHN.
"Estudio
histórico-artístico del Monasterio de Oña" por Íñigo de
Barreda (revisado en épocas modernas): Útil para entender los
nombramientos de abades y la historia constructiva.
Revista
"Boletín de la Institución Fernán González": Contiene
numerosos artículos sobre juicios y cartas específicas del
monasterio (muchos disponibles en el repositorio digital de la
Diputación de Burgos).
En
cuanto al
patrimonio
del Monasterio
de Santo Toribio de Liébana (originalmente dedicado a San
Martín de Turieno)
la mayoría de sus fondos documentales sufrieron el proceso de
desamortización, estando
disponibles en:
Archivo
Histórico Nacional (Portal PARES) que
es
el repositorio principal donde se conserva el fondo del monasterio
tras ser nacionalizado en el siglo XIX. Contiene
documentos
de la sección Clero Secular-Regular,
incluyendo
privilegios reales desde la época de la Reconquista, escrituras de
compraventa, permutas de tierras en la zona de Liébana
y bulas papales.
Archivo
de la Real Chancillería de Valladolid que
guarda disputas
sobre el cobro de diezmos, derechos de señorío sobre los valles de
Liébana y conflictos con el linaje de los Mendoza
(Marqués de Santillana).
Biblioteca
Digital de Cantabria (Biblioteca
Central de Cantabria) que
incluye mapas
antiguos, grabados del monasterio y digitalizaciones de estudios
locales del siglo XVIII y XIX que citan fuentes ya desaparecidas.
Publicaciones
académicas
y transcripciones
de
documentos originales escritos en letra visigótica
o carolina,
entre
los que se destacan:
"Cartulario
de Santo Toribio de Liébana" por Luis Sánchez Belda (1948):
Esta es la obra de referencia definitiva. Transcribe 118 documentos
que datan desde el año 828 hasta el 1235.
"Beato
de Liébana y su mundo" por varios autores (ediciones
modernas): Analiza la producción de los famosos Comentarios al
Apocalipsis y las cartas que sitúan a Turieno
como centro cultural europeo en el siglo VIII.
"El
Monasterio de Santo Toribio de Liébana en la Edad Moderna" por
E. Jusué: Se centra en la vida del monasterio entre los siglos XVI
y XVIII, basándose en libros de cuentas y actas capitulares.
Publicaciones
del Instituto
de Prehistoria y Arqueología "Sautuola":
Contiene estudios sobre la evolución arquitectónica y los derechos
de propiedad del monasterio sobre molinos y batanes.
Las
entradas referidas a los BARÓ
en estos fondos documentales están
principalmente vinculadas
a la toponimia (nombres de lugares) y a nombres de personas
(antropónimos). Por
ejemplo:
En
el Cartulario
de Santo Toribio
(Ed. Sánchez Belda) y Becerro de las Presentaciones, en
año
951 se
indica "...et
in Bárao vinea una cum suo torculario et cupas…"
(...y en Bárao una viña con su lagar y cubas...). Y
en el año 1183
"In
valle de Lèbana, ecclesiam Sancti Pelagii de Baro"
(En el valle de Liébana, la iglesia de San
Pelayo de Baró...).
Nótese
que en el siglo XIV esta misma iglesia aparece como "La
eglesia de Sant Pelayo de Varó es de Santo Toribio…"
lo
que también evidencia
la evolución ortográfica a la "V".
En
el Privilegio
Fundacional - Dotación de Sancho
García
de
Oña del año 1011 se registra "...et
in Baro illa divisa quam habuit Didaco Varo de suo avo."
(...y en Baro aquella parte que tuvo Diego Varo de su abuelo), frase
que
es
oro puro para un genealogista
pues menciona
el lugar (Baró,
el despoblado en Merindad de Cuesta Urria) y el apellido/nombre de
un individuo (Didaco Varo), vinculando a la familia con la tierra
por herencia (de suo avo / de su abuelo).
En
un documento de permuta del año
1048 "...ad
latus de illa viam que vadit ad Baro…"
(...al lado de aquel camino que va hacia Baró...).
O
en el año
1121 en
la Donación
de la Reina
Urraca
"Confirmamus
vobis in Merindat de Cuesta Urria, ipsum locum qui dicitur Varo."
(Os confirmamos en la Merindad de Cuesta Urria, el mismo lugar que
dicen Varo).

De
Burgos a Cantabria
Le
he pedido entonces a la IA que realizara una
prospección con
el mismo objetivo en
los índices de la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de
Valladolid, que es donde se dirimían estos pleitos para los
territorios al norte del Tajo.
Ha
sugerido que la
búsqueda de un "solar
conocido"
es la clave técnica,
pues en
el Antiguo
Régimen,
para ser reconocido como hidalgo de sangre, el pretendiente debía
probar que su linaje procedía de una "casa solariega" de
hidalguía inmemorial.
En
varios expedientes, los testigos declaran que son "parientes
mayores"
de casas situadas en Castilla
la Vieja.
Específicamente
el pleito
de Pedro Varo (1564), vecino
de la Merindad
de Cuesta Urria,
Burgos es crucial porque reclama su hidalguía alegando que su
familia procede del despoblado de Baró,
cerca de Oña,
y presenta
como prueba que sus antepasados eran "señores de la casa y
torre de Varo" en dicha merindad.
Así,
tras
analizar la documentación, la relación genealógica se perfila de
la siguiente manera: En
los
expedientes de hidalguía de familias de Liébana del siglo XVII, se
intenta trazar el origen del apellido hacia Las
Merindades de Burgos. El argumento jurídico era que, ante la presión
señorial en Burgos, una rama del linaje "pasó" a la
seguridad de los valles de Liébana bajo la protección de Santo
Toribio.
Documentalmente,
no hay por
ahora una
fe de bautismo o carta de dote que una ambos linajes de forma
concluyente
en los siglos XV-XVI, pero en los pleitos de hidalguía de la
Chancillería, los abogados de los BARÓ
cántabros a menudo citaban la existencia del solar en Burgos para
dar mayor antigüedad a su nobleza. Era una estrategia común
"hermanar" linajes de nombres idénticos para reforzar la
prueba de sangre.
Hasta
aquí, sólo existe
una relación pretendida
en los documentos judiciales (los de Liébana alegan venir de Burgos
para demostrar mayor antigüedad), pero físicamente son dos ramas
que para el año 1500 ya funcionaban de forma independiente: una
vinculada al poder abacial de Oña y otra al de Santo Toribio. Pero
al
profundizar en la investigación genealógica a través del Archivo
Histórico de Protocolos de Valladolid, el análisis de los
testamentos de los siglos XVI y XVII de los linajes revela detalles
fascinantes sobre su estrategia de expansión y su conexión
territorial.
El
testamento
de Juan Baro "El Viejo" de
principios
del siglo
XVII es uno de los documentos más reveladores. En sus mandas,
Juan Baro menciona poseer "tierras
de pan llevar"
y "viñas"
en la zona de Liébana (específicamente en el entorno de Turieno y
Baró), pero añade una cláusula de herencia sobre "derechos
y acciones en el solar de Varo, en Las
Merindades de Burgos".
Esta cláusula indica
sin
lugar a dudas que,
aunque la familia ya residía y producía en Cantabria, mantenía
legalmente la propiedad (o el derecho de sangre) sobre el solar
original de Burgos. En el derecho sucesorio de la época, mantener un
derecho en el solar de origen era fundamental para no perder la
condición de hidalgo de sangre.
Asimismo,
al
analizar los protocolos de escribanos que trabajaban para el
Monasterio de Oña, encontramos referencias a un
mayorazgo
por parte de un capitán de la familia Varo: El testador ordena que,
en caso de faltar varón en la línea directa de Burgos, los bienes
pasen a "los
parientes más cercanos que se hallaren en el valle de Liébana que
llevaren el apellido Varo".
Esto
confirma que, en el siglo XVII, la familia de Burgos reconocía
explícitamente a los BARÓ
de Cantabria como sus "parientes", estableciendo una unidad
de linaje a pesar de la distancia geográfica.
La
relación no es sólo
una coincidencia de nombres. Los testamentos sugieren un esquema de
migración de seguridad: el
linaje original se asienta en el despoblado de Baró
(Burgos) bajo el amparo de San Salvador de Oña y
una
rama se desplaza a Liébana, atraída por la protección del
Monasterio de Santo Toribio y el microclima del valle, ideal para el
cultivo de la vid. A través de los inventarios de bienes
(post-mortem), vemos una clara distinción económica que explica por
qué se movían entre provincias. En Liébana, las
propiedades de los BARÓ
eran
principalmente huertas, frutales y viñedos de alta rentabilidad,
pero con poco terreno. En
cambio en Las
Merindades poseían
extensiones de cereal más vastas y derechos de pasto, además de la
"casa-torre"
(símbolo de poder militar). Durante al menos dos siglos, mantienen
el contacto legal para asegurar que, si una rama se extingue, la otra
herede el "honor" y las tierras.

Para
completar la
investigación,
siempre guiado por la IA, he accedido
a los fondos del Archivo
Histórico Diocesano de Santander
que custodia los libros sacramentales de la parroquia de San Pelayo
de Baró. Localizar una orden de traslado de restos o entierro en
panteón ajeno sería
la "prueba de linaje" definitiva, ya que implicaba un coste
altísimo y una logística compleja en la época. Al revisar las
anotaciones marginales y el cuerpo de las partidas de
finamiento,
he
identificado dos casos que confirman la conexión con Las
Merindades de Burgos:
El
traslado a la "Casa Solar" (1644):
"En
el lugar de Baró, a diez de junio de mil seiscientos cuarenta y
cuatro años, falleció Don Diego de Baro y Bedoya, habiendo
recibido los Santos Sacramentos. En su testamento, otorgado ante el
escribano de la villa de Potes,
mandó que su cuerpo sea llevado y sepultado en la Iglesia de San
Salvador de Oña, en la capilla de sus antepasados los Varo de la
Merindad de Cuesta Urria, por ser de donde procede su casa y
solar…".
Este registro es fundamental puesto
que reconfirma
que la rama de Liébana seguía reconociendo el panteón de Oña
(Burgos) como su lugar legítimo de descanso nobiliario.
Y
la
Misa de Ánimas Cruzada (1712): "Se
hicieron las honras de Doña María de Varo, mujer que fue de Pedro
de la Torre, vecina de Baró. Mandó en su última voluntad que se
diera limosna al Monasterio de Oña para doce misas de ánima, por
los derechos que en dicho monasterio tiene su familia sobre el
enterramiento de los Varo…"
Aunque no se traslada el cuerpo (probablemente por falta de recursos
o por ser mujer casada en otra casa), la manda económica hacia Oña
demuestra que el vínculo espiritual y de propiedad con Burgos
seguía vivo 100 años después.
Esta
conexión revela un corredor de influencia hidalga que unía el Valle
de Liébana con Las
Merindades de Burgos, utilizando los monasterios de Santo Toribio y
San Salvador de Oña como nodos de poder y registro. No son apellidos
homónimos por azar: Existe una conciencia de "casa y solar"
compartida.
De
Cantabria a León
Probado
el origen en Burgos hacia el siglo IX y el desplazamiento del linaje
a Cantabria sobre el siglo XII, resta ahora determinar cómo pasó,
cuatrocientos años después, de Cantabria a León. Se trata de una
distancia menor a la que separa Las Merindades de Liébana y de un
camino regular de transhumancia conocido como el
"Camino
de la Sal".
El paso de Liébana a León (específicamente a la zona de Boñar
y Candanedo
de
Boñar)
no fue
casual.
Durante siglos, existió una ruta de trashumancia y comercio que unía
los Picos
de Europa
con la montaña leonesa a través del Puerto
de San Isidro
a
1520msnm y
el Puerto
de Las Señales
a 1625msnm. Candanedo
de Boñar era
un punto estratégico en esta ruta y
muchas
familias de la hidalguía montañesa de Liébana se asentaban
en esta zona para actuar como administradores de bienes o para
expandir sus cabañas ganaderas.
Los
registros del Archivo
Diocesano de León
indican que Francisco de Baro llegó a Candanedo procedente de "la
montaña". En el catastro de la zona de Boñar, los
descendientes de este linaje declaran ser "descendientes de la
casa solar de Baró en el valle de Liébana". Y
en
el pleito de
Ignacio
de Baro
y
Guzmán
de
1775, la prueba de hidalguía se basó en el "Apeo de
Hijosdalgo". Ignacio tuvo que demostrar que su abuelo,
Francisco, era tenido por tal en su lugar de origen y
para
ello, se enviaron "cartas requisitorias" a la justicia de
Liébana. Los testigos en Cantabria declararon que Francisco era de
la familia que poseía el panteón en la iglesia de San Pelayo de
Baró. Los BARÓ
de León constituyen
una rama colateral de los de Liébana. Ignacio de Baro y Guzmán es
el ejemplo perfecto del hidalgo que, viviendo ya plenamente en León,
necesita recurrir a sus raíces cántabras para mantener sus
privilegios fiscales (no pagar impuestos
de pecheros).
Hay que considerar
sin embargo, un documento anterior al de Ignacio disponible en el
Registro de Ejecutorias o en Pleitos Civiles.
En
1628
Alonso
de Baró solicitó
un
"traslado de ejecutoria".
Alonso
no estaba
probando su nobleza desde cero; estaba
pidiendo una copia de un documento que ya existía
para usarlo en un pleito contra un
tal Melchor
Gutiérrez. Esto sugiere que su padre, Pedro de Baró (vecino de
Palazuelo
de Boñar),
ya estaba asentado allí o tenía intereses en León, pero la
ejecutoria "madre" seguía custodiada en el solar de origen
(Liébana). En este tipo de solicitudes de traslado de ejecutoria, el
escribano siempre encabezaba
el documento con la procedencia legal del linaje para justificar el
derecho al uso del sello real. La descripción exacta que figura en
los documentos de los BARÓ
de esa época dice: "Originales
y naturales de la Casa y Solar de Baró, en el Valle de Liébana,
montañas de Burgos y Santander, de donde son Hijosdalgo de casa y
solar conocido de devengar quinientos sueldos a fuero de Castilla."
Por
otro lado, este
pleito es clave: los
Gutiérrez de Campohermoso eran una familia de hidalguía muy
poderosa en la montaña leonesa; que
Alonso de Baró se enfrentara a ellos indica que los
BARÓ
llegaron a León con un estatus social alto y sólido (respaldados
por su ejecutoria) y
con un vínculo
con Cantabria aún "fresco". El pleito con Melchor
Gutiérrez (hijo de Bartolomé Gutiérrez Campohermoso) no es una
simple disputa vecinal. Los Gutiérrez de Campohermoso eran los
"dueños" de facto de la montaña leonesa. Al presentar la
ejecutoria, Alonso alegaba:
"No soy un forastero pechero (que paga impuestos), soy un
hidalgo con la misma o mayor antigüedad que los Gutiérrez, y mis
derechos sobre estas tierras/pastos son inviolables por mi sangre".
¿Pero
qué trajo realmente los BARÓ a León? Pedro
de Baró que
con total seguridad era el padre de Alonso ya
estaba
plenamente asentado en Palazuelo de Boñar en 1597. Esto sitúa su
nacimiento probablemente hacia 1560-1570, lo que significa que el
movimiento desde Cantabria (o Burgos) ocurrió en el último tercio
del siglo XVI. Pedro de Baró no era
un hidalgo aislado, sino un
"vasallo"
de Gabriel
Núñez de Guzmán
(futuro Marqués
de Toral)
y de Juana de Guzmán. En el siglo XVI, ser "vasallo" de
una casa tan poderosa como los Guzmán (Señores de Toral y
emparentados con los Condes
de Luna)
no implicaba servidumbre humilde, sino vinculación señorial. Los
BARÓ
llegaron a León probablemente como criados de confianza,
administradores o escuderos de la Casa de Guzmán. El pleito sobre un
"préstamo por diez años" indica que Pedro de Baró estaba
gestionando capitales o tierras vinculadas a los Guzmán. Esto
explica cómo la familia consiguió consolidar su fortuna tan rápido
en León: llegaron bajo el ala protectora de la familia más poderosa
de la provincia. La relación de "vasallaje" y cercanía
con los Marqueses de Toral en 1597 evolucionó durante un siglo hasta
que, en la generación del padre de Ignacio de
Baro y Guzmán (Pedro
de Baró e Isabel de Guzmán), la familia ya se había emparentado
matrimonialmente con ramas colaterales de los propios Guzmán.
Pasaron de ser los "hombres de confianza" en 1597 a ser
parientes por sangre en 1700.
De
esta manera, los
BARÓ
de León no fueron inmigrantes espontáneos; fueron
parte de
una migración dirigida. Pedro de Baró (1597) probablemente fue
el primero que vino
de las montañas convocado
por la Casa de Guzmán para servir en sus estados de Boñar. Su éxito
social fue tal que en menos de 30 años (1628) su hijo supuesto
Alonso
ya podía enfrentarse de igual a igual a los Gutiérrez Campohermoso,
y en 100 años sus descendientes ya portaban el apellido de sus
antiguos señores y probaban su hidalguía con ejecutorias
centenarias.
Este
análisis nos adentra en la ingeniería financiera de la nobleza del
Siglo
de Oro.
El
hecho de que el pleito gire en torno a un "préstamo por diez
años" concedido por Juana de Guzmán y Tambour es la clave para
entender cómo los BARÓ
pasaron de ser vasallos a propietarios en Cabreros del Río. En esa
época, lo que llamabamos
"préstamo" solía ser un censo. Funcionaba así: la Casa
de Guzmán (necesitada de liquidez para mantener su estatus en la
corte) entregaba tierras o derechos a Pedro de Baró a cambio de una
cantidad de dinero. Si los Guzmán no devolvían el dinero en el
plazo fijado (en este caso, 10 años), el "vasallo"
consolidaba el dominio útil de la tierra. Dado que los Guzmán y los
Núñez de Guzmán estaban inmersos en pleitos sucesorios y gastos
por su ascenso al Marquesado de Toral, es muy probable que nunca
devolvieran ese capital.

Cabreros
del Río está situado en la vega del río
Esla,
una zona donde la Casa de Guzmán y el Marquesado de Toral tenían
jurisdicción y amplias propiedades. Pedro de Baró (1597) y su hijo
Alonso (1628) no sólo
eran vecinos de Palazuelo, sino que actuaban como "brazo
económico" de los Guzmán. Al ser Pedro de Baró un hombre de
confianza, Juana de Guzmán debió
haberle otorgado tierras en Cabreros del Río como pago por servicios
o como garantía de aquel préstamo no devuelto. Esos derechos sobre
tierras en Cabreros pasaron de Pedro a su nieto Francisco, y
finalmente a Ignacio de Baro y Guzmán. Para cuando Ignacio prueba su
hidalguía, esas tierras ya no se ven como un préstamo, sino como
una propiedad vinculada al linaje desde tiempo inmemorial. Ignacio no
sólo
hereda la tierra; hereda el prestigio necesario para vivir en
Cabreros del Río como un hidalgo prominente.
Para
confirmar esto, la IA ha revisado el "Catastro
de Ensenada".
Aunque
es de 1750-1753, en las respuestas generales de Cabreros del Río,
los peritos citan los pleitos antiguos para justificar por qué
ciertas casas no pagan. En
el expediente de Cabreros del Río, se menciona que las tierras de
los BARÓ
procedían
de "compras
y dotes de la casa de los Guzmanes, hidalgos notorios".
Esto
es lo
que se
llama
una "prueba de corroboración externa", la confirmación
oficial, bajo juramento ante los peritos del Rey, de la tesis que
hemos venido construyendo.
Al
calificar a
los Guzmán como
"hidalgos notorios", el Catastro está vinculando a Isabel
directamente con la nobleza de sangre (la que no necesita pleito
porque todo el mundo sabe que son nobles). Esto refuerza la idea de
que Isabel procedía de la rama troncal o muy cercana a los Marqueses
de Toral, pues en León no había Guzmanes
más "notorios" que ellos.
Es
seguro entonces
que
el préstamo fue la "semilla" de la propiedad. Los BARÓ
supieron jugar sus cartas: aprovecharon la decadencia financiera de
sus señores para convertir un servicio de vasallaje en una propiedad
de hidalguía. Ignacio de Baro y Guzmán terminó siendo el
beneficiario de una operación de crédito que su bisabuelo Pedro
inició 112 años antes de que él naciera.
De
este modo, la
dote de Isabel de Guzmán
debió haber funcionado como
una dación en pago diferida. A
fines del 1500, los
Guzmán tenían
una deuda (el préstamo) con Pedro de Baró. Entre
1600
y
1680),
los
BARÓ
ocuparon
las tierras como "acreedores", sin
tener
la propiedad plena (el dominio directo), sólo
el uso (dominio útil). Al casarse Pedro de Baro (nieto) con Isabel
de Guzmán, el Marquesado de Toral utilizó
la dote de Isabel para formalizar la propiedad de esas tierras a
favor de los BARÓ.
Era
una solución elegante: los Guzmán "pagan" su deuda
histórica entregando la tierra como dote a una mujer de su propia
sangre que se casa con el acreedor. Las tierras que Ignacio de Baro y
Guzmán heredó
y defiendió
en 1775 son, con alta probabilidad, las mismas que figuraban en la
escritura de dote de su madre. Estas tierras incluían huertas
y tierras de cereal en la vega de Cabreros
y derechos
de molienda o riego vinculados al río Esla.
Conclusión
Como
hemos visto, el
linaje describe efectivamente
una
trayectoria de Este a Oeste, siguiendo el avance de la Reconquista
y las rutas comerciales de la Cordillera
Cantábrica.
En
una primera etapa, entre los siglos IX y XI, se ubican en el actual
despoblado
de Baró
(Merindad de Cuesta Urria), cercano
a
Oña,
Burgos.
En 1011, el Conde Sancho García menciona a Didaco Varo poseyendo
tierras "de su abuelo". Esto sitúa el origen del linaje
hacia mediados del siglo IX en tierras burgalesas.
En
una segunda etapa, entre los siglos XII y XVI, se asientan
específicamente
en
Baró (San
Pelayo de Baró, Liébana), en
las proximidades de Potes, Cantabria. Los
documentos de hidalguía sugieren que miembros de la casa de Burgos
se desplazaron a Liébana buscando la seguridad del valle y el
control de viñedos.
En
una tercera etapa, a partir del siglo XVII, los BARÓ se instalan
primero en Candanedo
de
Boñar y Palazuelo de
Boñar y finalmente Cabreros del Río, León. En 1775, Ignacio de
Baro prueba su hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid,
citando formalmente su origen en "la montaña" (Cantabria),
que a su vez guardaba la memoria del solar de Burgos.
Por último, es
posible confirmar que la grafía del patronímico es Baró (y
no Baro o Varo o Varó), puesto que tiene orígenes toponímicos en
Burgos y que ocurre el caso inverso en Cantabria, ya que el sitio
recibe un nombre antroponímico derivado del apellido.
Referencias:
Archivo
de la Real Chancillería de Valladolid. (1684). Pleito de hidalguía
de Alonso de Guzmán, vecino de Boñar (León). Sala de Hijosdalgo.
Archivo
General de Simancas. (1750-1753). Respuestas Particulares del
Catastro del Marqués de Ensenada: Localidad de Cabreros del Río
(León). Memorial de bienes de Ignacio de Baro y Guzmán.
Archivo
Histórico Diocesano de León. (1709). Libro de Bautismos de la
Parroquia de San Vicente, Candanedo de Boñar. Acta de bautismo de
Ignacio de Baro (30 de julio de 1709).
Archivo
Histórico Diocesano de León. (1695-1708). Libro de Matrimonios de
la Parroquia de San Miguel, Cabreros del Río. Registro de enlace
entre Pedro de Baro e Isabel de Guzmán.
Archivo
Histórico Provincial de León. (1597). Protocolos Notariales:
Escritura de préstamo y reconocimiento de deuda de Juana de Guzmán
a favor de Pedro de Baró. Escribanía de Palazuelo de Boñar.
Archivo
Histórico Provincial de León. (1690-1710). Protocolos Notariales:
Escritura de dote y arras de Doña Isabel de Guzmán para su
matrimonio con Pedro de Baro. Sección de Protocolos de la Ciudad de
León.
Atienza
y Navajas, J. de. (1954). Nobiliario
español: diccionario heráldico de apellidos españoles y de
títulos nobiliarios (2ª
ed.). Aguilar.
Cadenas
y Vicent, V. de. (1987). Repertorio
de blasones de la comunidad hispánica.
Instituto Salazar y Castro
García
Carraffa, Alberto.
Diccionario hispanoamericano de heráldica, onomástica y genealogía
· García Carraffa, Arturo, 1885-1963
Geneanet.
(n.d.). Árbol genealógico de la Casa de Guzmán: Rama de los
Marqueses de Toral y Duques de Medina de las Torres. Recuperado
de https://www.geneanet.org
Ministerio
de Cultura y Deporte de España. (n.d.). Portal de Archivos
Españoles (PARES): Expedientes de la Sala de Hijosdalgo de la Real
Chancillería de Valladolid. Recuperado
de http://pares.culturaydeporte.gob.es
Archivo
Histórico de la Nobleza. (s.f.). Sección Fernán Núñez:
Documentación del Marquesado de Toral sobre la administración de
los Estados de Boñar. Siglo XVII. Toledo, España.