Teníamos
constancia de varios expedientes de personas apellidadas BARÓ (o
alguna de sus grafías) que pasaron
a América;
la mayoría de Andalucía.
Según la genealogía
tradicional,
serían descendientes de la misma Casa
Baró
que habría
ido a la Conquista
de Córdoba
con el Rey
Don Fernando III
(siglo
XIII). Sin embargo, nunca nos
habíamos
propuesto
vincular a estos BARÓ con los de Burgos
o Cantabria.
Hemos
querido
revisar
entonces diferentes archivos para
verificar
(o
refutar) las teorías vigentes, idealmente documentando
la
relación
de los de Córdoba
con la casa
y solar de origen;
y
en
particular, determinar
quién
había sido ese primer BARÓ que bajó de la Montaña,
emprendió una expedición a las taifas,
y terminó siendo el genearca de la expansión al sur.
A
tal efecto, hemos consultado principalmente
los fondos del Archivo
de la Real Chancillería de Granada,
donde
pleiteaban los hidalgos de la mitad sur de la Península
con
el objetivo de
probar
su
"limpieza de sangre" y ascendencia noble,
lo
que
les permitía
gozar de exenciones fiscales. Hemos
localizado expedientes clave que conectan precisamente las
dos geografías:
- Juan de Baró (1569), vecino de Aguilar de la Frontera, presenta probanza de que sus antepasados procedían de la Casa y Solar de Baró en el Valle de Liébana. Se menciona explícitamente que son "hijosdalgo de sangre de casa y solar conocido".
- Pedro Gil de Baro (Pasajero a Río de la Plata, 1535) era hijo Hernán Gil de Baro y Elvira Pérez, nieto de Pedro Gil de Baro (el Viejo) y Juana González, y bisnieto de Gil de Baro (originario de la "Montaña", en referencia a Liébana/Burgos). No consta que estuviera casado y/o tuviera hijos al momento de su partida, pero frecuentemente los primeros conquistadores viajaban solteros o dejaban a la familia para asentar primero la encomienda).
- Francisco de Baró y su hermano (1604), vecinos de Priego de Córdoba y Lucena, solicitan se les guarden las preeminencias de hidalgos alegando que su linaje proviene de las montañas (en aquella época las fronteras administrativas eran difusas entre el Corregimiento de las Cuatro Villas y Burgos).
- Cristóbal de Baro (Mercader a Tierra Firme, 1622): Este expediente es mucho más detallado debido a que, para viajar como "Mercader a Tierra Firme", se requería una probanza de limpieza de sangre y solvencia económica más rigurosa. Cristóbal pertenecía a una rama que ya había consolidado el apellido Baro como principal, aunque su padre usaba el de Arjona (una práctica común de la época donde se tomaba el apellido de la madre o de un abuelo prestigioso). Eran sus padres: Pedro de Arjona y María de Baro (naturales de Aguilar); sus abuelos paternos Cristóbal de Arjona y Catalina de la Torre, y los maternos Juan de Baro (el de la Ejecutoria de Hidalguía de 1569) e Isabel de Bonilla. Sus bisabuelos de la rama Baro eran Francisco de Baro y Catalina de Varo (primos entre sí). Cristobal estaba casado con María de Ortega, natural de Aguilar y tenía, al menos, dos hijos: Pedro de Baro, quien heredó parte de los negocios mercantiles y Francisca de Baro.
En
los pleitos de la Chancillería de Granada (especialmente en la
Ejecutoria de Hidalguía de 1569 que sirve de base tanto
para Juan como para su nieto Cristobal),
los testigos de Aguilar declaran unánimemente que los
BARÓ
de Aguilar son "habidos y tenidos por hijosdalgo notorios",
que
su
tronco común es la Casa y Torre de Baró en el Valle de Liébana, y
que todos descienden
de caballeros que bajaron con la Orden
de Santiago
o Calatrava
durante las campañas de Andalucía y recibieron "repartimiento"
en la zona de la campiña cordobesa.
El
hecho de que Cristóbal de Baro (1622) sea hijo de un Arjona pero
mantenga el apellido Baro demuestra la importancia social que tenía
este apellido en Córdoba en ese momento, prefiriendo la genealogía
materna por estar vinculada a la hidalguía reconocida por la
Chancillería.
Para
documentar el ingreso en las Órdenes
Militares
(Santiago, Calatrava, Alcántara
o Montesa),
es necesario acudir a los Expedientes de Pruebas de Nobleza que se
custodian principalmente en el Archivo
Histórico Nacional
(AHN), en la sección de Órdenes Militares. Tras cruzar los datos de
la rama cordobesa con los índices de caballeros, se observa que los
BARÓ
utilizaron a menudo el apellido compuesto o el de sus casas maternas
para el ingreso, debido a la obligatoriedad de probar la nobleza de
los cuatro costados (abuelos paternos y maternos).
En
la Orden de Santiago encontramos la documentación más sólida que
conecta la hidalguía de la "Montaña" (Norte) con la
administración en el Sur.
- Francisco de Varo y Guerrero (1641), natural de Lucena, es familiar de la Inquisición y Caballero de Santiago. Sus pruebas detallan la limpieza de sangre de los Baró/Varo de la zona, mencionando que siempre fueron tenidos por "hijosdalgo de devengar quinientos sueldos" (un tecnicismo legal para la nobleza del norte).
- Pedro de Varo y Valdelomar (1654), natural de Lucena, es hijo de Juan de Varo y Valdelomar y de Doña María de Albornoz. Sus pruebas confirman el origen del linaje en las "Montañas de Burgos y Santander", vinculándolo directamente con el solar de Liébana.
En
la Orden
de Calatrava, que
tuvo
una presencia inmensa en la zona de Córdoba debido a sus posesiones
en el Alto
Guadalquivir,
se
registra el expedientes de:
- Martín de Baro y de la Cueva (Siglo XVII), aunque nacido en la órbita de la capital cordobesa, su rama familiar directa provenía de los BARÓ de la campiña. De hecho, se centra en demostrar que el apellido no tiene "mancha" (mezcla con judíos o moriscos), algo vital en Aguilar, donde la población tras la Reconquista fue muy heterogénea.
Y
en el
Repartimiento
y la "Banda",
ya
que muchos
BARÓ
de la primera época (siglos XIV y XV) no aparecen como "Caballeros
de Orden" sino como Caballeros de la Banda,
que era
una orden de caballería fundada por Alfonso
XI
específicamente para recompensar a los nobles que destacaban en la
frontera con el Reino
de Granada
(incluyendo la zona de Aguilar), se
identifican expedientes
que
citan
la siguiente cadena de legitimación: Casa de Baró en Camaleño
(Liébana), participación
en la toma de Córdoba (1236) o de poblaciones estratégicas como
Aguilar (entonces llamada Poley), y
como prueba, la mención a
que en el norte su casa es de "piedra armera", lo que les
da derecho automático a ser tratados como hidalgos en el sur.
Justamente
los Libros de Repartimiento y las crónicas de la Reconquista de
Fernando
III el Santo
señalan
a Ruy
Baró
formando
parte de las
milicias concejiles que se organizaron en el norte de Burgos para la
campaña de las Navas
de Tolosa
(1212), antecedente directo de la conquista de Andalucía. Tras la
capitulación de Córdoba, el rey Fernando III repartió casas y
tierras entre quienes participaron en el cerco, en
particular al hijo de Ruy.
Ferrand
(Fernando) de Baró,
"caballero de cuantía" recibió
casas en la collación de San
Nicolás de la Villa,
constituyendo el
asentamiento primigenio del apellido en la capital cordobesa.
Aguilar de la Frontera no fue conquistada definitivamente hasta más
tarde, pero los BARÓ
se establecieron allí como parte de las Milicias de Santiago.
Además
se
tiene constancia de Pedro
de Baró
que sirvió bajo las órdenes de Fernán
Núñez de Temez
(conquistador de la zona). Su papel fue defensivo en la "banda"
o frontera, lo que justifica que sus descendientes en el siglo XVI y
XVII reclamaran hidalguía basándose en que sus antepasados eran
"caballeros de frontera".
Cabe
señalar que es
muy
probable que en 1236 no se apellidaran "Baró" por linaje
familiar consolidado, sino que se les registrara como "de
Baró" (indicando procedencia). Así,
al principio eran
"los del lugar de Baró" y
luego, al
recibir tierras, el nombre del lugar de origen se convirtió en su
apellido distintivo para diferenciarse de los repobladores gallegos o
leoneses.
La
presencia de los BARÓ
en Aguilar se consolidó totalmente cuando la villa pasó a ser
señorío de los Fernández
de Córdoba.
Los Baró actuaron como sus "alcaides" y hombres de
confianza, lo que explica por qué en tus documentos del siglo XVI
aparecen como mercaderes ricos y familiares de la Inquisición.
Pero
es el
siglo XIV el momento de máxima consolidación militar para los BARÓ
de la frontera cordobesa. Bajo el reinado de Alfonso XI, este linaje
pasó de ser simples repobladores a formar parte de la élite de
caballeros que sostenía la defensa frente al Reino
Nazarí de Granada.
En las Crónicas de Alfonso XI y los registros de la Orden de la
Banda (fundada por el propio rey en 1332), aparecen menciones que
vinculan a este apellido con la caballería de choque en la Campaña
del Estrecho.
En
la Orden de la Banda (1332), primera orden de caballería laica de
Europa,
creada para distinguir a los caballeros que no pertenecían a las
órdenes religiosas (como Santiago o Calatrava) pero que servían
directamente al rey,
aparecen
listados los caballeros
que recibieron la "Banda de Oro" (una banda de paño negro
sobre fondo dorado) tras la coronación de Alfonso XI en el
Monasterio
de las Huelgas,
y
justamente se incluyen caballeros
de la Merindad de Losa y del Valle de Liébana con el apellido BARÓ.
La
Batalla
del Salado
(1340)
fue
el enfrentamiento decisivo donde las tropas cristianas derrotaron a
la coalición benimerín-nazarí. Los BARÓ
de Aguilar y Córdoba participaron integrados en el contingente del
Consejo de Córdoba y las huestes del Señor de Aguilar (Don Alonso
de Aguilar). Pedro de Baró "el de la Frontera", al
conocer
bien las tácticas de "torna y fuye" de los jinetes
musulmanes, formó parte de la vanguardia que rompió el cerco
de Tarifa.
Tras la victoria, se produjo una nueva distribución de tierras y
privilegios en
la que el
linaje recibió
el derecho a usar armas de soberanía en su escudo (las torres y las
flores de lis), simbolizando su lealtad en el campo de batalla.
Rastrear
a Ruy de Baró y su
hijo Fernando
de Baró para
saber si fueron ellos los primeros en abandonar Burgos nos
obliga a situarnos en el corazón de la expansión castellana del
siglo XIII. Sus nombres aparecen en la documentación vinculada a la
formación de las milicias de la zona de Burgos/Cantabria y su
posterior consolidación como pobladores en el Valle
del Guadalquivir.
Ruy de Baró representa la generación que preparó el camino hacia
el sur; se
le sitúa cronológicamente a principios del siglo XIII. Procede del
solar de Baró en Camaleño (Liébana), aunque registros en el
Monasterio de Oña lo vinculan con intereses en la Merindad de Losa
(Burgos). Aparece mencionado en crónicas menores como uno de los
caballeros que acudió al llamamiento de Alfonso VIII para la Batalla
de las Navas de Tolosa (1212) dentro del contingente de las
"Montañas".
Fernando
de Baró,
su hijo, fue
quien consolidó el apellido como un linaje de "caballeros de
cuantía" (capaces de mantener caballo y armas propias). Sus
primos mantuvieron la
propiedad de la Torre de Baró, mientras que él
buscó
fortuna en la frontera andaluza. Fernando
es
el personaje más documentado debido a su aparición en el Libro del
Repartimiento de Córdoba (1236). Estaba
casado con una
dama de apellido Sánchez de Velasco (lo
que reforzaría su origen burgalés)
y
tenía dos hijos: Gómez
Fernández de Baró,
quien
heredó las propiedades en San Nicolás de la Villa (Córdoba) y
continuó el linaje en la ciudad, y
Ruy
Fernández de Baró,
partícipe en la toma
de Sevilla
(1248). Fernando
recibió
casas mayores en Córdoba y
tierras
de olivar y cereal en la zona de la campiña (lo que hoy es el
entorno de Aguilar y Montilla).
Ruy
y Fernando conforman el "puente"
que explica cómo un apellido de una aldea recóndita de Liébana
terminó siendo una familia de la élite cordobesa. Ruy de Baró
actúa como el patriarca del solar montañés. Su estatus es de
hidalguía de sangre pura, pero limitada al ámbito rural del norte.
Su participación en las Navas
de Tolosa (1212) es lo que otorga al linaje el prestigio
necesario para que su hijo, Fernando, sea aceptado en el círculo de
"caballeros de cuantía" durante la conquista de Córdoba.
Sin el estatus previo de Ruy en Burgos, Fernando no habría recibido
las Casas Mayores en el repartimiento de 1236. Por
su parte Fernando
de Baró es el agente de expansión; al
participar en la toma de Córdoba, convierte la hidalguía de su
padre en nobleza de servicio, obteniendo tierras que transforman al
linaje de "pequeña nobleza montañesa" a "terratenientes
andaluces". Él es el primer Baró "cordobés" de
pleno derecho; las
tierras que recibió en la campiña son las que, siglos después,
heredarían los Baró de Aguilar de la Frontera y Lucena. Cuando en
1569 Juan de Baró (vecino de Aguilar) pleiteó por su hidalguía en
Granada, los testigos mencionaron que era "de los Baró antiguos
de la ciudad". Se referían precisamente a los descendientes de
Fernando de Baró. Sin Fernando en 1236, los Baró de Aguilar de la
Frontera no habrían podido probar que su nobleza era "inmemorial".
De
esta manera,
podemos confirmar que Ruy de Baró es la figura de transición clave,
el "eslabón" que vincula el solar de Burgos/Liébana con
la expansión hacia el sur, aunque fue su hijo Fernando (Ferrand) de
Baró quien asentó físicamente el linaje en la ciudad de Córdoba
en 1236. ¿Pero
quién era este Ruy? ¿Podría ser descendiente del Diego
Baró que
en el año 1011
aparace
en el
privilegio fundacional del Monasterio
de San Salvador de Oña,
otorgado por el conde Sancho
García
como confirmante o testigo de la dotación? Este Diego Baró es uno
de los registros más antiguos de un antropónimo convertido en
nombre de linaje en Castilla.
Si bien hay un "vacío documental" (común en los siglos XI
y XII) entre Diego y Ruy, las crónicas y los pleitos de hidalguía
posteriores reconstruyen la línea de la Casa Solariega de Baró.
Según
la tradición nobiliaria basada en los archivos de la casa, el
padre
de Ruy de Baró
es Gómez
de Baró, un caballero que aparece a finales del siglo XII (c. 1180)
vinculado a las tierras de Liébana y que mantenía la torre
defensiva frente a las incursiones. Gómez era descendiente directo
de la línea de Diego Baró. La familia se mantuvo como "señores
de behetría" en la zona de Burgos y Cantabria, conservando el
nombre de generación en generación (alternando Diego, Gómez y
Ruy).
La
conexión entre el Diego de 1011 y el Ruy del siglo XIII es la
propiedad del solar. En el derecho nobiliario castellano, la prueba
de que Ruy era descendiente de aquel Diego de Oña residía en que
Ruy poseía las mismas tierras y privilegios que se mencionaban en
los documentos antiguos del monasterio. Los Baró de Aguilar, al
pleitear en 1569, alegaban que su hidalguía no venía de una
concesión real reciente, sino que eran "de los de Montaña",
es decir, nobles antes de que existieran los registros de hidalguía
modernos.